dimarts, 22 de setembre del 2009

Quan es va equivocar el feminisme?


Aquesta és una pregunta que em faig sovint. Un moviment que originalment estava lluitant per assolir la simple meta d’igualtat civil i legal entre els sexes, com va poder convertir-se en un moviment feminista radical que considera que tots els homes són inherentment opressius o fins i tot malvats?

Encara hi ha encara moltes feministes que pertanyen a la "vella escola" del feminisme, segur, i normalment són gent molt sana. El millor exemple potser és Christina Hoff-Sommers que ha escrit un parell de llibres excel·lents sobre feminisme radical i les seves conseqüències desafortunades als EUA.

Donem un cop d’ull als factors que crec que han tornat el feminisme en un caos:

1. Des del començament del moviment feminista va haver una manca de claredat. Era un moviment per a la igualtat de gènere, o era un moviment que promovia drets de la dona? Això és una distinció enorme, i la suposició que aquestes dues lluites siguin sempre compatibles està molt lluny de la veritat

2. Aquesta manca de claredat també està en el nom escollit per al moviment. Si s’hagués anomenat igualitarisme, llavors l’objectiu final hauria estat clar. Tanmateix, el nom feminisme implica que l’objectiu final és la supremacia femenina o alguna cosa per l’estil

3. Creant un moviment feminista fort, els assumptes d’homes es defineixen automàticament com inexistents o, com a mínim, menys importants que els assumptes de dones (cosa que discuteixo en els meus escrits). Originalment això no era un problema, ja que el feminisme es centrava en drets iguals per a tota la societat, cosa que ho convertia en una lluita honorable i un procés necessari. Tanmateix, una vegada que es van implementar drets iguals, el feminisme encara suposava que les dones estaven molt pitjor que els homes, i necessitades d’un moviment feminista més fort que mai, sense donar cap pas enrere ni mirar un quadre el més ample que inclogués les perspectives dels homes.

4. Els homes també han estat massa callats en el debat de gènere, un silenci que probablement s’ha interpretat com que se senten culpables, o que com a mínim no tenen cap bon argument per contrarestar la radicalització creixent de teoria feminista. Això ha permès a les feministes radicals aconseguir més i més subvencions governamentals i influència, cosa que a canvi els ha donat més recursos per proposar cada vegada teories més radicals que fan dels homes responsables de cada mal concebible. Els departaments d'”Estudis de Gènere” a les universitats al llarg del món es poden amagar darrere la respectable façana d’ensenyament superior i usar els diners dels contribuents per promoure les teories de feminisme radical.

5. El feminisme radical absol dones de la responsabilitat personal en les seves vides. Tota la culpa és del patriarcat, una estructura mítica que implica que els homes sempre s’enduen la millor part... Això és una posició seductora per a les jovenetes, especialment quan un professor d’universitat que respecta li diu que així és com funciona el món. Això vol dir que per al feminisme de l'equitat i altres branques de l’antic feminisme escolar, que emfasitzen la responsabilitat personal de les dones creant millors vides per a si mateixes, els vinguin temps difícils per guanyar noves partidaries.

Hi ha molts més factors naturalment, però aquests són alguns dels punts clau en la meva opinió.

Traduït de Pelle Billing

dilluns, 7 de setembre del 2009

PALABRA DE HOMBRE.Talleres residenciales para hombres

Abiertos a todos aquellos hombres interesados en alguno de los siguientes objetivos:

  • Encontrar un nuevo arquetipo masculino del siglo XXI
  • Recuperar la auténtica fuerza masculina
  • Trabajar la sensibilidad, las emociones, la creatividad.
  • Indagar en su propia sombra proyectada sobre las mujeres.
  • Liberarse de viejos tabúes.
  • Encuentro de mujeres y hombres con conciencia.

Todos los talleres son vivenciales y no sólo teóricos. Se desarrollan en plena naturaleza, en un bello entorno de la sierra de Gredos. Empleamos todos los recursos heredados de las viejas tradiciones y de las nuevas terapias.

Facilitador: Alfonso Colodrón. Licenciado en Derecho (Complutense) y en Ciencias Sociales del Trabajo (Sorbona). Miembro titular de la Asociación Española de Terapia Gestalt. Consultor transpersonal.

Colaborador: Manuel Millán. Terapia Gestalt. Master en PNL. Integrativa (SAT). Movimiento expresivo.

Precio del taller de fin de semana: 200 € el primer taller al que se asiste y 180 € cada uno de los siguientes. Pagando los cinco talleres por adelantado el precio es 800 € en total (160 € cada uno). La contribución económica para el taller de Semana Santa está por definir.

Contacto Alfonso: tao@alfonsocolodron.net; 606 738 198

Manu: manuelmillan@hotmail.com; 680 440 869

TALLERES PARA HOMBRES


I. 25, 26 y 27 de septiembre de 2009

Poder y competitividad entre hombres

Poder, competitividad y jerarquías: el cuerpo, la edad, la palabra, el dinero y el estatus social, la sexualidad. Poder político y poder espiritual.

II. 13, 14 y 15 noviembre de 2009

Identidad masculina. Masculino-femenino.

Sensibilidad y fuerza. Identidad por oposición a lo femenino. El miedo a la homosexualidad. Autonomía masculina.

III. 22, 23 y 24 de enero de 2010

Micromachismos en la vida cotidiana.

Los patrones introyectados. Igualdad y diferencias. Violencia de género. Evolución social e histórica del patriarcado. Nuestro posicionamiento ideológico y cotidiano frente a lo femenino y a las mujeres.

IV. Semana Santa de 2010 (Sábado 27 de marzo al sábado 3 de abril) Arquetipos y modelos.

Cualidades y limitaciones de dioses y héroes. Los grandes mitos que nos siguen influyendo. Falsos modelos del siglo XX. Enseñanzas del chamán tramposo para crear el nuevo hombre consciente del siglo XXI.

V. 11,12 y 13 de junio de 2010

El hombre consciente, creativo y amoroso del siglo XXI.

Nuestra acción nueva en un mundo nuevo. Una forma nueva de relacionarse con los hombres y con las mujeres. Cómo reflejar el trabajo interior en la transformación de nuestro entorno y de la sociedad en general.

Lo femenino y masculino plural. Aceptar las diferencias para evitar la desigualdad. Por Alfonso Colodrón

Palabra de hombre

En la búsqueda de la justicia, del equilibrio, de la igualdad en derechos de hombres y mujeres se olvidan las diferencias biológicas. No activan el ánimus las mujeres por el hecho de hacerse militares o bomberos. No integran el ánima los hombres por volverse, blandos y emotivos. Se trata de otra cosa que tiene que ver más con la profundidad que con la superficie, con un trabajo de toma de conciencia que con manifestaciones novedosas y espectaculares.

Conocer el principio masculino

y permanecer en la virtud amorosa de lo femenino

es convertirse en el cauce al que todos los ríos confluyen.

Ser corriente de vida del universo significa

caminar por el sendero de la virtud sin desviarse

y regresar a la inocencia original.

(Tao Te Ching, capítulo 28)

Son muchas las expresiones que hay que volver a definir en un tema tan delicado como el de la identidad de género y las relaciones entre mujeres y hombres.

Por mucho que un autor o una autora intentemos ser objetivos y situarnos por encima de nuestra condición de hombre o mujer, siempre correremos el riesgo de no podernos poner completamente en los zapatos del “otro”, de perder algún ángulo de visión. Sobre todo cuando tocamos fibras tan sensibles como la propia identidad, las relaciones de intimidad con la pareja, el amor, la sexualidad, los hábitos cotidianos de convivencia en el hogar… Jung llamó ánimus al principio masculino y ánima al principio femenino, dejando claro que ambos se hayan potencialmente presentes en mujeres y en hombres. El conocimiento, la acción, la transformación se atribuyen al ánimus. La receptividad, la persistencia, el silencio se consideran cualidades del ánima. ¿Pero acaso el máximo conocimiento, transformación y acción no es el alumbramiento de una nueva vida? ¿No es el parto el acto de creación por excelencia? ¿No se atribuye hoy día el silencio y la persistencia más a los hombres?

Parte del problema consiste en confundir lo cultural, lo psicológico y lo biológico. Uno nace macho o hembra, pero se hace hombre o mujer a lo largo de un proceso de socialización, educación, asimilación y diferenciación. También de opciones y elecciones personales en cuanto a orientación sexual, elección de roles y procesos de evolución y desarrollo personales. El expresivo título del ya clásico “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”, (John Gray, Random House Mondadori, 1993) se centra en las marcadas diferencias psicológicas entre hombres y mujeres, que explican muy bien los malentendidos frecuentes en las interacciones cotidianas: la mujer que cuenta un problema, simplemente para desahogarse y el hombre que inmediatamente quiere solucionarlo, en lugar de escuchar. El hombre que se siente minusvalorado por recibir un consejo no pedido y se retira a su cueva; la mujer que se siente abandonada por esta momentánea retirada…

Con más detenimiento se tratan diferencias más profundas de formas de pensar, sentir y expresarse en “¡Tú no me entiendes! La semántica de los sexos” ( Wolfgang Schmidbrauer, Herder, 1994). A pesar de ser psicoanalista, el autor pone en cuestión algunos de los postulados de Freud, que llegó a confesar que no había logrado averiguar finalmente qué desean realmente las mujeres.

Estudios más recientes apuntan a una lentísima evolución de los hemisferios cerebrales masculino y femenino, que tendría que ver con siglos y siglos de atribución de roles. Hace años, por ejemplo, se pudo comprobar que un mayor porcentaje de los accidentes de coche laterales eran producidos por hombres, mientras que el mismo porcentaje aproximado de accidentes frontales eran producidos por mujeres. Los investigadores llegaron a la conclusión de que la caza y la guerra, las persecuciones y las huidas repetidas durante milenios habían desarrollado una visión frontal, “de túnel”, en los hombres, en detrimento de su capacidad de visión lateral y circular. Las mujeres, por el contrario, habrían desarrollado más una visión circular, pero no frontal, al haberse encargado del mantenimiento del fuego y cuidado de la descendencia, despreocupándose de todo lo que no estuviese a unos metros de distancia.

Son sólo unas pinceladas para llamar la atención sobre un hecho: gran parte de las dificultades de relaciones de pareja son debidas al falso presupuesto de que, si hay amor, el otro va a responder a nuestras expectativas. Va a reaccionar del mismo modo en que reaccionaríamos nosotros. Va a hablar el mismo lenguaje verbal y corporal al cabo de unos meses. Pero resulta que a medida que van pasando los meses y los años, en lugar de más conocimiento lo que suele surgir es más extrañeza, incomprensión frustración y desacuerdos. Si se partiera de la base de que ambos, mujeres y hombres, somos recíprocamente extraterrestres, haríamos el esfuerzo de aprender cuál es la atmósfera de Marte y cuál es la de Venus –o tal vez que se sea capaz de vivir sin atmósfera-; cómo son en esos planetas los amaneceres y las puestas de sol, cómo comunican los marcianos y las venusianas entre sí. Claro, suponiendo que comuniquen, porque los marcianos comunican poco y mal y, si hay venusianas por medio, entran en una fase ridícula de competencia y competitividad.

Cuando se toma conciencia de las diferencias, se puede volver a reconstruir la unidad original. Somos humanos por encima de todo, antes de ser hombre o mujer, rico o pobre, blanco o negro, joven o viejo. Sin embargo, no es posible saltar etapas, porque la violencia de género y sus desigualdades son algo desgraciadamente muy real.

Se supone que ellas siempre son las víctimas, pero el hecho de que sufran más la violencia en cantidad y en intensidad no puede borrar otras realidades. El primer “maltratador” que tuve en consulta era un joven que acudió con un gran complejo de culpa porque había dado una bofetada a su pareja. A lo largo de las sesiones resultó ser él la víctima de una mujer algo mayor que él, con más capacidad adquisitiva, mucha más cultura, con un rico mundo de relaciones y propietaria de la casa común. Él, más inculto, con menos habilidades sociales, de una extracción social más baja, hacía de criado en las fiestas que ella organizaba, mientras ella le descalificaba ante sus amigos. Todo esto no justificaba en absoluto la violencia física, pero ponía en evidencia una necesidad. Él necesitaba un aprendizaje emocional para establecer límites o romper la relación, sin utilizar lo único que socialmente había aprendido desde pequeño: la violencia física desde la superioridad puramente corporal. Como el protagonista de “La Doncella Rey” (Robert Bly y Marion Woodman, Edad, 2000), su historia no era de heroísmo, sino de fracasos y reparación. Pero le faltaba el final: vislumbrar el aspecto extático de lo Femenino profundo e integrarlo en su vida.

Estos y otros muchos casos son los que me han llevado a la convicción de que la mayoría de los hombres necesitamos un trabajo de introspección, de aprendizaje emocional y de apoyo entre otros hombres, si queremos relacionarnos en plano de igualdad con las mujeres, sin caer en lo que Luis Bonino, coordinador del Centro de Estudios de la condición masculina, llama los “micromachismos” o la violencia invisible instalada en las parejas, en donde siempre los maltratadotes son los demás, los que salen en los periódicos.

Y este trabajo de desarrollo personal y de implicación social no parte de un sentimiento de culpabilidad ni de una actitud de hostilidad frente a las mujeres, sino de la convicción de que la masculinidad afirma y sostiene la vida. De la experiencia personal y grupal de que los hombres no somos rivales y de que, cuando cooperamos en lugar de competir, somos capaces de co-crear junto a las mujeres, un mundo justo, armonioso y bello. Un mundo amoroso en el que se han integrado lo masculino y lo femenino que yace en la profundidad de cada mujer y de cada hombre.

Alfonso Colodrón

Terapeuta gestáltico y consultor transpersonal

tao@alfonsocolodron.net

www.alfonsocolodron.net