Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Ken Wilber. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Ken Wilber. Mostrar tots els missatges

dimarts, 16 de juliol del 2013

Entrevista en el blog integral

Me han realizado una entrevista en el blog integral. Las primeras preguntas tratan de la filosofía integral y la meditación. En las últimas preguntas hablo del tema de la masculinidad, también desde la perspectiva integral.
La entrevista está aquí (pincha)

dilluns, 8 d’octubre del 2012

Participación en las 10ª Jornadas Integrales. La controversia del SAP.

Me han invitado a participar en las 10ªJornadas Integrales dedicadas al pensamiento de Ken Wilber. Serán el 19 y 20 de octubre en la Escuela Nacional de Medicina del Trabajo del Instituto de Salud Carlos III (Mº de Ciencia Tecnología e Innovación). Las jornadas contarán con la presencia de Don Beck, co-autor de la Dinámica Espiral
Adjunto el título de mi ponencia y un breve resumen de la misma:

LA CONTROVERSIA SOBRE EL SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL (SAP) DESDE EL MODELO INTEGRAL.


El Síndrome de Alienación Parental se define como “el resultado de un proceso, despues de un divorcio, por el cual un progenitor transforma la conciencia de sus hijos con el objeto de obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor”. Muchos investigadores lo han calificado una una forma grave de maltrato psíquico infantil a la luz de las devastadoras consecuencias que constatan en esos infantes cuando se hacen adultos. Por eso reclaman que las leyes recojan esta forma específica de maltrato para proteger mejor a los menores.
Por otro lado, asociaciones feministas han denunciado la formulación del síndrome como “un modo más de violencia contra las mujeres”, fruto de una reacción neo-machista (backlash) ante sus avances, que trata de descalificarlas como madres. Esto ha llevado al CGPJ, al Congreso y al antiguo Ministerio del Igualdad a recomendar su prohibición en los juzgados cuando una parte lo invoque para denunciar maltrato infantil y pérdida de contacto con sus hijos, puesto que tal síndrome “no existe” científicamente.
Si aplicamos el modelo Integral a las dos posiciones de esta controversia, que de momento no han logrado alcanzar un lugar de consenso, vemos como los defensores del SAP se mueven en los parámetros clásicos de la modernidad, donde se considera la ciencia como algo objetivo (vMeme naranja). Los argumentos de los detractores del SAP se situan dentro de los parámetros de la postmodernidad (vMeme verde), que mantiene que el mundo no es una percepción sino sólo una interpretación, es decir que la ciencia no se adapta a los hechos reales –el mito de lo dado- sino que impone sus paradigmas sobre el mundo. Y dado que los hechos independientes no existen (sólo existen las interpretaciones), la ciencia se halla al servicio de algún tipo de poder o ideología: sexismo, racismo, imperialismo, etnocentrismo, etc. Desde ahí construyen su crítica al SAP aplicando los valores propios del vMeme verde, con todas sus virtudes y también los defectos que ha señalado Ken Wilber en su obra como son la confusión entre narcisismo y política.
El modelo Integral nos permite valorar ambas posiciones desde su respectiva altura (naranja y verde) y puede recoger lo mejor de ambas para que tanto los derechos de las mujeres como madres (y también los padres, añadimos nosotros) como el derecho del menor a su integridad psíquica se vean igualmente valorados y defendidos. Este modelo nos permite deslindar álgunas de las patologías propias del vMeme Verde como el relativismo gnoseológico o la regresión etnocéntrica de raigambre narcisista que exhiben algunos grupos, para conservar así sus valiosas aportaciones a los Derechos Humanos y contribuir mejor a su defensa.

divendres, 9 de setembre del 2011

Teoria sexual. Por Joan Umbert Font

Fuente: http://gabinetepedagogico.jimdo.com/2011/02/20/eros-%C3%A1gape/

Vista la evolución que ha seguido el concepto de masculinidad-feminidad, desde Sandra Bem (1974), proponiendo el concepto de androginia, y los diferentes problemas que conlleva dicha teoría, Spence dice que lo ideal sería que la conducta no tuviera sexo, mas, en mi opinión, el problema viene cuando la cuestión de masculino o femenino es un aspecto fundamental y primordial… Me estoy refiriendo a las relaciones íntimas de pareja. Aquí, la conducta sí que tiene sexo. Estoy de acuerdo de que atributos como fuerte, sensible, etc., no se tendrían que atribuir a estereotipos masculinos o femeninos, ahora bien, una vez liberados estos atributos de toda identificación sexual, es preciso preservar la polaridad que hace que los miembros de una pareja se sientan atraídos. Para eso, no es necesario retornar a patrones patriarcales de relación de pareja, sino que es posible ser muy masculino o muy femenina desde el respeto mutuo. Y hablo tanto de parejas hétero como homosexuales. Partiendo de estas premisas, analizaré qué es ser masculino o femenina en esta dimensión del ser, pues la energía sexual reverbera en todas las dimensiones del ser humano (cuerpo, emoción, mente, etc.) y una conducta sexualmente neutral en la relación de pareja disminuye la polarización y, por tanto, la atracción. Una relación íntima en la que haya una gran atracción mutua, fuertemente polarizada, hace que la energía sexual (que es la energía vital, pues no existen energías diferentes, solamente hay una energía de vida, que es el mismo amor, en hindú prajna, en el Tao lo llaman Chi...) bañe todos los rincones de nuestro ser, provocando que traspue alegría, vitalidad y gozo de vivir.

Si observamos detenidamente la acertada afirmación de que la ciencia hecha por hombres es parcial y que se tiene que completar con la visión femenina, esto implica que los hombres y las mujeres conciben el mundo de forma diferente. Y yo diría que esta diferencia no se debe al sexo, sino a la polaridad energética que expresan. Según David Deida[1], un 80% de las mujeres expresan una polaridad energética con su núcleo tendiente a lo que él llama Comunión, Plenitud o Ágape; un 10% expresan una polaridad tendiente a la Libertad o Eros; un 80% de los hombres expresan una polaridad energética con tendencia a la Libertad o Eros; y un 10% de Ágape. El 10% de las mujeres y el 10% de hombres que faltan tendrían las fuerzas más equilibradas. Y lo que es más importante, que equilibrado energéticamente no significa mejor que encontrarse en un extremo, pues esta base o núcleo de la personalidad sostiene la construcción posterior de todo el ser.

Este mismo autor reconoce como algunas de las principales quejas de sus clientes en terapia esgrimen son, por una parte, y cito textual, “las mujeres quejándose de que los hombres se están volviendo más débiles, menos comprometidos y que carecen de determinación y decisión, en definitiva se quejan de que los hombres se han vuelto afeminados. Y los hombres se quejan de que las mujeres se están endureciendo, son más resistentes e independientes, hasta el punto de resultar poco atractivas. En resumen, se quejan de que las mujeres se están volviendo demasiado masculinas. Los hombres y mujeres modernos han descubierto que la igualdad, por sí misma, no asegura una relación apasionada y floreciente”.

Tener un predominio energético de Eros-Libertad o Ágape-Plenitud no influye en la tendencia sexual, ya sea hétero, homo o bisexual. Se puede tener un fuerte predominio de Ágape (considerado femenino) y ser un hombre heterosexual.

Este enfoque aporta una novedosa visión que supera la insostenible tesis sobre el grado de masculinidad o feminidad, medible por tests, llena de escollos difíciles de superar, como, por ejemplo, responder a la pregunta de porqué una determinada conducta era considerada masculina o femenina. Con este enfoque, la conducta queda libre de sexo y, además, toda persona tiene, en más o menos medida, las dos fuerzas primordiales en su propio ser.

Toda persona debería cuidar el desarrollo de su Eros y de su Ágape, mas no es lo mismo que la equilibración entre lo masculino y lo femenino que propugna la teoría andrógina. Eros y Ágape no tienen el por qué equilibrarse. En la vida pública conviene el equilibrio, aunque en la esfera privada no, si se desea polaridad, atracción y pasión en la pareja.

Cada una de estas energías tiene sus virtudes y patologías. Y citando textualmente a Ken Wilber[2], “Eros sano tiende hacia la autonomía, la fortaleza, la independencia y la libertad, mientras que su versión insana o patológica tiende a infravalorar o a supravalorar esas virtudes, en cuyo caso, la autonomía se convierte en alienación, la fortaleza en dominio, la independencia en temor patológico al compromiso y la relación no conduce hacia la libertad, sino que se convierte en un impulso hacia la destrucción que deja al individuo sumido en el miedo. Y algo parecido ocurre también con la fuerza Ágape, que sana tiende hacia la relación, el flujo, el respeto y la compasión, y su modalidad enfermiza acaba naufragando en cada una de esas dimensiones. En tal caso, en lugar de mantener las relaciones, se pierde en ellas, y en vez de alentar el desarrollo de un yo sano en comunión con los demás, pierde el yo y se confunde con las relaciones en que se halla sumida/o. Entonces es cuando la conexión acaba convirtiéndose en fusión, el flujo en pánico y la comunión en una auténtica empanada. Por este motivo, la energía Ágape insana no encuentra la plenitud en la relación, sino el caos en la fusión”.

En cuanto a los hombres[3], por su predominio en Eros, estudios científicos modernos demuestran que les es más fácil entrar en un estado de observación, que precisamente es en lo que se ha basado tradicionalmente el método científico patriarcal, porque hay una distancia involucrada. En cambio las mujeres tienden a la comunión o “tocar”.

Yendo hacia atrás en la psicología evolucionista, cuando los hombres cazaban y las mujeres cuidaban a los niños, el tipo de conocimiento que hizo que la supervivencia siguiera fue juntarse en grupos y mantener una cierta distancia entre ellos para cazar. La ventaja de una observación en tercera persona es que pueden ver “enteros” (cosas completas). Así pues es sólo en la distancia que puedes ver un bosque. Puedes tocar un árbol, mas para ver el bosque necesitas la distancia, necesitas distancia para ver “enteros”.

Por otra parte, el trabajo primario de las mujeres era táctil: tienes un bebé, y tienes que captar todos los matices de ese bebé para que sobreviva (si tiene hambre, si está triste, si siente dolor, etc.). Así que las mujeres han desarrollado una escala emocional exquisita.

Ambos tienen fortalezas y debilidades; las mujeres tienen un modo de relacionarse táctil, mas no es holístico. Los hombres tienen una visión “holística”, aunque distante, separada.

Si están trabajando en la resolución de problemas, las mujeres se van a reunir si algo anda mal, y van a tratar de “tocar el tema”, lo van a charlar. Un hombre, si está en la reunión, va a ir a por su solución; va a decir: -Ok, ¿este es el problema? Vamos a hacer esto y problema resuelto-. Y las mujeres van a decir: -¡Oh no, no!- Porque, de hecho, si aparece la solución significa que la charla se acabó, y no hay más contacto.

En la iconografía budista, el principio masculino es representado todo negro, que simboliza el puro vacío de contenido, el inamovible observador. En cambio el principio femenino es representado como pura luz blanca y radiante. Mientras el principio masculino quiere ver, el femenino quiere ser visto, quiere radiar, quiere brillar. Lo no-manifestado y lo manifestado.

Insisto, las personas los tienen ambos. La feminidad se complementa encontrando la distancia justa de su “tocar”, de otro modo no tiene libertad, volviéndose adicta a su relación, y esto tiene mucho que ver con la adherencia, encontrarse perdidas en la relación. En cambio, la patología clásica de lo masculino es su autonomía, su rigidez, represión, no poder sentir. Por tanto, lo que se debe hacer es equilibrar cada una de estas fuerzas para lograr la salud. El quid de la cuestión es que tenemos ambos aspectos en nosotros y cada uno de estos debe estar sano, sin excederse de demasiado o demasiado poco, y sólo en este sentido es necesaria la equilibración.

Wilber continua diciendo que no se tiene que forzar la paridad en el mundo laboral o esfera de lo público entre hombres y mujeres, sino que es preciso cargos donde se valore la capacidad de relación, de trabajo en grupo, de comunicación, de responsabilidad, equilibrando valores más propios de lo masculino, como la fuerza, el riesgo, la racionalidad, etc. Por tanto, en estos nuevos cargos, de forma natural, las mujeres aventajarían a los hombres. No se trata de suprimir los valores propios del género masculino, sino de equilibrar la balanza.

Respeto a la escuela, podemos observar que de lo que más se habla en la actualidad es de aprendizaje significativo, cooperativo, responsable, grupal, socializador, educar las emociones, etc. Por tanto, se puede afirmar que, al menos en esto, sí se está rectificando una educación patriarcal, que solamente se preocupaba del fomento de la razón, los conceptos, la individualidad, la competitividad, etc. Y lanzo esta pregunta: ¿porqué hay tanta predominancia de mujeres sobre hombres que estudian pedagogía y magisterio? En mi opinión es porque la escuela es un lugar de estrecha interrelación con otros, de colaboración, comunicación, donde no se está solo en casi ningún momento. Y me atrevo a decir que la escuela es femenina.

En cuanto a la lectura de la historia, es totalmente cierto que se ha hecho una lectura totalmente machista, priorizando el ámbito público y olvidando el doméstico en que las mujeres se han dedicado a lo largo del patriarcado, ahora bien, no es justo ni verídico hacer una lectura de este patriarcado como si hubiese dos equipos comtrapuetos, hombres contra mujeres, sino que se trata de la historia de una especie, la humana, sexuada bipolarment (hombres y mujeres), que en sus orígenes intenta abrirse camino, y dado el escaso desarrollo de la cultura, se impone lo más obvio, natural, y si se quiere, brutal, como la mayor corpulencia y fuerza física de los hombres, y que las mujeres son las que dan a luz después de una larga gestación, y estas evidencias o hechos dados dentro de unos sistemas de pensamientos arcàics y míticos dieron como resultado una fuerte diferenciación de los roles por sexos.

Plantear la historia como la lucha entre dos equipos, además de ser falaç, implicaría que las mujeres fueron derrotadas por los hombres, y por lo tanto, más estúpidas, lo cual no es verdad. Ni todos los hombres unos cerdos ni todas las mujeres unas borregas.

-----------------------------------------

[1] DEIDA, David. (2005): En íntima comunión. El despertar de tu esencia sexual. Madrid: Gaia ediciones, pag. 40-41.

[2] WILBER, Ken. (2008): La visión integral. Barcelona: Ed. Kairós.

[3] WILBER, Ken. [Documento en vídeo de Internet]: http://dotsub.com/view/0100de44-f3a4-486f-931f-21f635ab424f. (14 de Mayo del 2009; a las 22:15h.).

dimecres, 29 de juny del 2011

El meu interés per Ken Wilber i la filosofia integral

Com explicava al post anterior, de sempre he considerat la New Age com una autèntica bajanada, tot i que els seus seguidors solen caure’m simpàtics. De Ken Wilber n’havia sentit a parlar des dels anys 80. El solien citar al a revista “Integral”, a la que fins i tot vaig estar subscrit, una revista pionera en l’ecologisme. Tanmateix, no sé per què, vaig associar a Ken Wilber amb el moviment de la New Age, i mai vaig tenir cap interés en llegir-lo.

La cosa va canviar cap allà al 2003 o 2004, no recordo. Algú amb qui confiava me’n va parlar en termes elogiosos. Vaig començar a buscar referències i ressenyes d’ell per internet, i em vaig tirar enrera: era una espècie de Hegel (un filòsof quasi incomprensible per a mi) que a més parlava del Vedanta (del que no coneixia res), en una “teoria de tot” que incloia uns nivells de colors (els Vmemes) estranyíssims. Llavors vaig pensar que seria massa difícil llegir-lo.

Tanmateix, com els elogis que m’havien fet eren d’algú seriós, em va picar el cuquet de la curiositat i vaig decidir començar no per cap llibre de filosofia, ja que em va semblar que serien massa abstractes i metafísics, i em vaig comprar “Boomeritis”, que és la única novel.la que ha escrit. Pensava que seria més fàcil iniciar-se amb una novel.la, a veure que tal.

La novel.la em va fascinar. Era un atac profund i sense pietat a tota la mentalitat New Age. ¡Jo que creia que Wilber era un representant de la New Age, i em trobo amb la millor crítica que mai havia llegit contra aquest moviment! I a més a més, era una crítica des de dins, amb un excel.lent coneixement de la matèria, cosa que no tenien altres crítiques que havia llegit a aquest moviment com les de corrents més marxistes o fins i tot des de les religions tradicionals (criticaven la competència! J). A més a més una crítica fonamentada sobre les millors eines que ens ha proporcionat la filosofia i les ciències socials contemporànies.

La novel.la la vaig llegir en anglès (era més barata) i com els personatges de vegades parlaven en argot em costava entendre les seves periècies –també perquè estava escrita fent paròdia del estil deconstructivista postmodern-, sí que entenia millor l’escriptura quan parlava de filosofia, de psicologia i de sociologia. Va ser quan vaig adonar-me de que, a més de demostrar coneixer bé aquestes disciplines, també ho explicava d’una manera molt entenedora i les usava destrament per al seu atac a la New Age (el vMeme patològic verd). Ara, després d’haver llegit els seus llibres, ja no només entenc una mica millor a Hegel sinó que sobre tot he entés el postmodernisme.

Fins la lectura de Wilber sospitava –només sospitava, perquè mai ho havia acabat d’entendre i per tant no podia afirmar-ho o negar-ho- que això del postmodernisme era una mera xerrameca intel.lectualoide. Excel.lents llibres com “Impostures intel.lectuals” de Sokal i Bricmont (per no parlar de l’etern torracollons de Mario Bunge, l’indomable) reafirmaven aquesta sospita meva. El problema que jo tenia és que no entenia bé el que pretenien dir els postmoderns. Doncs bé, Wilber, que és molt didàctic i sistemàtic, m’ha fet entendre per fi de què va això del postmodernisme. I ara he vist que no tot és rebutjable ni tot és xerrameca (com jo havia sospitat), sinó que té unes aportacions força interessants. Amb Wilber també he aprés molt de psicologia i de filosofia oriental. Sé que hi ha gent que el critica dient que no reflecteix bé la filosofia oriental, ni tampoc la teoria de l’evolució i altres disciplines. Tanmateix escriu molt bé, és com un divulgador i compilador de moltes i variades disciplines, només per l’accesibilitat amb que les explica ja m’ha anat molt bé. Al cap i a la fi, jo ara no em ficaré a estudiar filosofia oriental amb profunditat, amb la occidental ja tinc prou feina! Per això és d’agrair la seva capacitat divulgadora.

Wilber no és només un divulgador. Ha construït un sistema, un model: la filosofia integral. Tal com ell diu, tots els models són provisionals i estan destinats a ser superats –i inclosos- per quelcom millor. També diu, referint-se als seus esquemes per explicar la consciència, que no s’ha de confondre el mapa amb el territori, i que l’estudi de la consciència cal complementar-lo amb una pràctica perquè confirmi la validesa dels mapes, que de fet, el més important és la pràctica.

En fi, que per al tema de la masculinitat, de la política i de moltes altres coses, Ken Wilber per a mi és un referent fonamental

dimarts, 21 de juny del 2011

Resum d’una xerrada de Ken Wilber sobre masculinitat

Al post anterior parlava d’una sèrie de conferències en anglès sobre el tema de la masculinitat. Aquí va un resum de la xerrada de Ken Wilber (en el que segur que se m’hauran colat errors). La primera part la trobo molt bona, i també més comprensible. Més endavant, si hom no coneix bé els elements de la filosofia integral –els quatre quadrants i els estadis de desenvolupament- pot resultar una mica més confusa

"Hi ha una noció de que el patriarcat és el responsable de tots els mals d’aquest món, i això només s’arreglarà amb un retorn del femení. Això crea confusió en alguns homes.

Aquesta noció, a qui pren el poder veritablement, és a les dones. Si els homes han oprimit a les dones des del començament de la història i les han llevat el poder, vol dir que aquests són tan intel·ligents i poderosos i elles tan dèbils i estúpides?

Hi ha un canvi quan es passa de la producció hortícola (amb aixada) a la agrícola (amb animals i rella), tal com explica la antropòloga feminista Janet Chafetz. Els homes, de promig, tenen més massa muscular, cosa que els fa més preparats per a aquest treball més pesat, en canvi les dones tenen més risc d’avortament. En la primera, hortícola, el 80% del menjar estava produït per dones. Quan es fa el canvi cap a l’agricultura es produeix un canvi d’una esfera pública més dominada per dones a una altra més dominada per homes. Però això no va ser una opressió dels homes, a ambdós va convenir aquest canvi cap a la producció agrícola. A l’hora d’elegir, són les dones les que elegeixen la seva parella, els homes competeixen entre ells. Si algú ha elegit, no van ser els homes sinó les dones.

Quan arribem a la era industrial, les màquines substitueixen el treball físic que abans feia el cos humà. La major força física que tenen els homes ja no és un factor tan important com ho ha estat fins llavors. Per això s’abandona l’esclavitud, perquè surt més a compte les màquines. Canvien els valors i les necessitats.

Segon Jean Gebser hi ha una evolució de la mentalitat que passa de l’arcaic, al mític, al racional, i al pluralístic. Ara estem en un estat que està emergint l’integral. Quan es passa de l’agrari-mític al industrial-racional, ja no val la major força física dels homes. Canvia l’estructura social. Aquesta mentalitat, per primera vegada, no tolera l’esclavitud, que sempre ha estat present en les societats anteriors (malgrat que algunes feministes mitifiquen societats anteriors al patriarcat).

Patriarcat, és a dir, els homes governen, no vol dir que oprimeixen les dones. Les institucions del període agrari són patriarcals. D’aquí surten els estereotips, però molts d’ells estan basats en la biologia. El feminisme comença quan les dones poden accedir al treball en l’esfera pública, i molts homes eren feministes, basats en el principi “els éssers humans són iguals”. Altres homes i dones s’hi oposaven. És una història d’alliberament de rols imposats per homes i dones. No és la història d’un patriarcat “dolent” en que els homes s’imposaren a les dones. Una cultura on els homes només poden tenir sexe amb una única dona no és una cultura dirigida per homes! Els homes van quedar estereotipats en un rol de la mateixa manera que les dones.

L’estereotip masculí és que un home, per a una dona, és un “objecte de triomf” (“success object”), el que el fa atractiu és el seu poder. Mentre que per a una dona, l’estereotip és ser “sex object”, ser atractiva. La dona busca poder en l’home perquè quan ella està embarassada no pot valdre’s per si mateixa, necessita suport, sobre tot quan neix el nen; necessita un protector i un proveïdor. I aquests són els rols que es van desenvolupar per a l’home.

Quan la tribu, l’imperi o la nació entra en guerra, només són els homes els que van a lluitar i morir. Protegint. Els homes són el sexe prescindible (disposable sex) que protegeix i proveeix. Les dones són els objectes sexuals atractius que produeixen nens. Això ve de la biologia. Algunes feministes objecten a la biologia perquè creuen que “biologia és destí”. Els tipus de rols sexuals que desenvolupen homes i dones venen de la biologia: testosterona. La testosterona, en els homes, és un impuls cap a l’agressió i cap al sexe (els homes hi pensen molt en el sexe, porno, somnis, etc. Molt més que les dones, que tenen imagineria romàntica). Per això els homes tendeixen a objectivar les dones com a objecte sexual. I les dones se senten atretes per homes d’èxit i triomf(success objects)

Però l’aspecte biològic és només un aspecte. Hem de tenir en compte els quatre quadrants: interior/exterior, individual/col·lectiu. L’exterior col·lectiu pot ser agrícola, industrial etc. També hi ha un interior col·lectiu. Per biologia les dones prefereixen un company per tota la vida, i els homes moltes companyes (produeixen bilions d’espermatozous, comparats amb un òvul). Quan la dona està prenyada, ja no té raons darwinianes per voler tenir sexe, perquè ja està embarassada. L’home no té aquesta raó, pot voler continuar escampant la seva llavor. Per exemple, un estudi de Harvard, abans de la SIDA, deia que els joves gais tenien una mitjana de 360 companys sexuals a l’any, les lesbianes només 1. Hi ha una gran diferència amb l’impuls sexual entre homes i dones.

Els altres tres quadrants modifiquen aquest impuls sexual tan diferent entre homes i dones. Quan arriba l’era industrial, canvia molt l’esfera exterior productiva. Molts homes estan d’acord amb que les dones poden fer el mateix. Això és la racionalitat moderna. Alliberar les dones d’un rol imposat a l’època agrària, que tenia una visió del món mítica: els que ara anomenem fonamentalistes per la seva visió tradicional. Avui, vas al midwest i et trobes que els grangers tenen encara aquests valors patriarcals (familiy values), creuen en la veritat literal de la bíblia, els homes són homes i les dones, dones, la homosexualitat és inadmissible... A altres llocs creuen en la igualtat. Ara les dones, en la majoria de les universitat, són la majoria dels alumnes.

A partir del moviment de Robert Bly etc, molts homes van anar cap enrere per retrobar els seus elements de masculinitat, però en termes d’alliberament és una direcció equivocada, és anar cap a l’egocèntric.

-Quin és el moviment que han de fer els homes? Cap on hem d’anar?

Hegel diu que la evolució es mou cap a la llibertat. Cada estadi del desenvolupament (agrari, racional, etc.) té un aspecte interior de valors. Els valors de l’agrari és fonamentalisme, la bíblia és la veritat etc. El racional són els valors moderns: drets individuals etc. Aquí (EEUU) tenim un 40% de gent que està en els valors tradicionals. Un 50% en els valors moderns: ciència, tecnologia etc. A partir dels anys 60, surt l’estat pluralístic, postmodern: no hi ha veritat universal, totes les cultures tenen la seva veritat, però cauen en contradiccions. Diuen que no es pot estereotipar a cap individu, forçar-lo a cap rol. Alliberar tant homes i dones dels rols tradicionals, de quan tothom sabia el que era un home i una dona. Les feministes van desafiar i atacar el rol de la dona com “mestressa de casa”, (fins al punt de fer sentir culpables a les mestreses de casa), tothom pot triar el que vol ésser: metge o el que sigui.

Els tradicionalistes creuen que els seus valors són els únics veritables. Els moderns, entre bíblia i ciència trien la ciència, l’anterior ho troben absurd. La postmodernitat diu que hem de mirar a tots per igual, pot haver un “amo de casa” que cuidi dels nens. Però la majoria d’homes i dones ho veuran estrany. L’estadi integral vol donar espai als estadis anteriors: cada estadi està bé, però el següent està millor, és més inclusiu; és el que ara està sorgint. Un home i una dona d’aquest estadi s’hi trobarà bé amb els seus dos costats, inclús si un home es torna més masculí això no serà cap amenaça; i si se’n vol anar cap a rols més femenins (infermera, per ex) també s’hi trobarà bé.

Gilligan va descobrir que l’evolució moral d’homes i dones es diferent (autonomia i comunió), però ambdós sexes travessen els mateixos estadis de desenvolupament: disminuir el narcisisme i augmentar la integració. L’home integral es troba bé amb tots els factors que li emergeixen relacionats amb sexe i gènere, i la dona també. És la visió de holons: una completitud que és part de quelcom més gran –holoarquia, transcendir i incloure.

Gilligan deia “els nois tenen ales, les noies arrels”. Un impuls ascendent, eros, autonomia, i un impuls descendent, àgape, comunió, abraçar. Homes i dones es poden sentir confortables amb aquests quatre impulsos, autonomia i comunió, eros i àgape. Les dones ho tenen més difícil amb l’autonomia, els homes, pel seu impuls a la llibertat, ho tenen més difícil per relacionar-se amb el seu cos, construir relacions, sempre volen anar més enllà de les estrelles. Els homes han de treballar la comunió, l’abraç, baixar i incloure, no només anar “més enllà”. Estem en un punt que ara pot passar.

Els valors agraris encara tenen molta força actualment. Alliberar-se d’aquest rols dominants. Les dones ja s’han alliberat molt d’aquests rols, ara cal als homes, que no s’identifiquen només amb els valors d’èxit. Tots passem pels diferents estadis, i cal vigilar de no quedar-se atrapat en els primers estadis. Els homes no van elegir els valors patriarcals, quan eren el sexe prescindible (disposable) –guerra, treballs perillosos-, que tan mal els ha fet.

Què podem fer, com a homes, per contribuir a aquest alliberament?

Prendre tantes perspectives com puguem. Assolir així uns estadis d’alliberament tant per homes com dones, i ambdós assumir els rols que vulguin, tant de eros com de àgape. És cert que tenim cossos biològics diferents, per tant hi haurà diferents tipus d’èmfasi en homes i dones. Les dones es queden embarassades, per ex. Aquestes diferències estaran en nosaltres. Podem entrar en els rols i no convertir les diferències en absoluts, per això cal adoptar la perspectiva de l’altre. Que l’home vegi a la dona des dels ulls de la dona, i que la dona contempli l’home des dels ulls de l’home, així és com evolucionem, junts. Ningú en el passat va ser un corderet oprimit ni un porc opressor, vam caminar junts. Veure a l’altre, respectar a l’altre i estimar el que veiem; expandir la consciència adoptant les màximes perspectives i honorar-les totes. Amb força i presència, això és l’home integral del futur.

divendres, 1 d’abril del 2011

Missatge de Ken Wilber al Japó

Salutacions als meus amics del Japó.

En tant que hom tracta de viure una Vida Integral, en el procés sempre hi ha alts i baixos. Tenir una consciència integral vol dir que tens una consciència més alta, més ampla, més profunda, amb més perspectives, i amb més cura, més preocupació i més amor. Així que fins i tot quan sorgeixen moments difícils, és important mantenir el cor i la ment oberts, amples, abraçant.

Això s'aplica als problemes a la prefectura de Fukushima. La naturalesa potencialment devastadora d'aquests problemes té la tendència a fer-nos aclucar els ulls, estretir la pròpia consciència, treure’ns del cap tot l'assumpte. Però això és exactament el que no hauriem de fer. En comptes de tancar-nos, cal que ens obrim, mantenir el cor i la ment molt oberts, fins i tot en aquestes circumstàncies aterridores. Un Testimoniatge constant, tranquil, enmig de la tempesta, et manté en relació directa amb l’Esperit, com Esperit, i t’ancora en el que importa de veritat i en el que és la Realitat última. D'aquesta manera, els fenòmens a la superfície simplement poden continuar venint i marxant tal com vulguin, però tu romans ancorat a la Font immutable, al Fonament i al veritable Si Mateix de tot.

Fes el que puguis per ajudar amb els fenòmens de la superfície, però roman ancorat en el seu Testimoni, de manera que les realitats del dia a dia "et fan més mal, però t’importen menys". "Et fan més mal", perquè ets més sensible, més conscients d'elles i les permets en totes les circumstàncies, sense donar-los-hi l'esquena o amagar-te d'elles. No obstant això, "t’importen menys", perquè has deixat d'identificar-te amb elles, romanent "neti, neti", o en "ni això ni allò" sinó en el Testimoni imparcial de totes elles.

Els meus pensaments i oracions estan amb tots vosaltres durant aquests temps difícils. Que descanseu en el Si Mateix veritable i integral, i continueu endavant el millor que pugueu!

Us envio molt d'amor i llum, Ken Wilber

dissabte, 31 de juliol del 2010

Warren Farrell i Ken Wilber: la necessitat de l'alliberament masculí

Fa uns mesos vaig traduir part d'un article de Warren Farrell. Ara s'ha publicat la conversa d'aquest amb Ken Wilber sobre com s'educa els homes per a ser "l'heroi disponible" i altres temes fonamentals per encarar la masculinitat avui dia. Considero que els seus postulats són completament pertinents, amb molta lucidesa i necessaris. La conversa està en anglès i la podeu trobar aquí

diumenge, 24 de gener del 2010

dimarts, 27 d’octubre del 2009

El feminismo en la Modernidad y sus derivaciones postmodernas

Para finalizar el máster en Práctica Filosófica y Gestión social que cursé en la Universidad de Barcelona redacté un trabajo en el que hablo de postmodernismo y feminismo, sobre todo basándome en la obra de Ken Wilber y su filosofía integral. Copio algunos framentos que tienen que ver con la masculinidad y la política

La separación de las tres esferas que trajo la Ilustración, tal como hemos explicado al inicio, entre otras cosas liberó la esfera biológica de la política. Por tanto, y por primera vez en la historia, se abrió un discurso de liberación de la mujer. Antes de Mary Wollstonecraft u Olympia de Gouges, primeras autoras feministas de finales del s. XVIII, la mujer tenía su destino definido por la naturaleza de su sexo. Al diferenciar estas esferas no hubo pues ninguna razón para que las mujeres no pudieran entrar en el mundo de la acción pública. El derecho a las cosas empezó a sustituir al poder que hasta entonces regía. Fue un avance indiscutible que las mujeres asumieran la acción cultural en el nuevo mundo diferenciado, un derecho que antes no había sido impedido porque, simplemente, no tenia sentido al no estar diferenciadas esas tres esferas de la modernidad. Las mujeres como agentes históricos sólo pudieron emerger con esa diferenciación; antes, ese rol sólo caía en el hombre como padre-patriarca, con lo cual podemos hablar de una co-emergencia, paralela a otros movimientos de emancipación política como los movimientos antiesclavistas, democráticos, etc.

Actualmente hay al menos una docena de grandes escuelas feministas (liberal, socialista, ecológica, espiritualista, anarquista, lesbiana, marxista, cultural, constructivista, la centrada en el poder, etcétera). De modo que, a pesar de lo que afirman ciertas feministas, no existe el menor consenso sobre la “voz” característica de la mujer.

Habitualmente los investigadores se refieren a las diferencias biológicas con el término sexo y a las culturales con el término género. Sin embargo, muchas veces se cae en dos errores. El primer error (frecuente entre los conservadores) es creer que las cuestiones de género están determinadas por las diferencias de sexo, por tanto hablar de biología es casi como hablar de destino. El segundo es concluir que las diferencias de género son meras construcciones culturales.

Hay algunas feministas que sostienen que entre ambos sexos hay diferencias insalvables. Al igual que los sociobiólogos, se centran en importantes aspectos del fundamento biológico de la diferencia entre sexos. La investigación intercultural ha demostrado que no hay nada “androcéntrico” en las diferencias de sexo: el valor real ligado a esas diferencias de sexo varía de cultura a cultura. Las nuevas investigaciones en antropología, tanto feminista como ortodoxa, subrayan la importancia de estos factores (por ej. la mujer pare y el hombre tiene más fuerza física) a la hora de explicar los diferentes roles en la esfera privada y productiva, cuando la explicación basada en la teoría de la imposición se reveló como falsa (aunque en España algunos no se han enterado).

En el otro extremo nos encontramos con el constructivismo cultural, que ha aportado profundas comprensiones a las pautas intersubjetivas dentro de las cuales se encuentran hombres y mujeres. Sin embargo, algunos feminismos, siguiendo la tendencia postmoderna expuesta anteriormente, han llegado a absolutizar esa perspectiva constructivista negando los otros enfoques feministas y científicos, con lo cual, al no poder reconocer su influencia acaban atribuyéndola a la opresión. Así, llegan concluir que hasta las diferencias de función biológica son fruto de la imposición de una ideología masculina[1] que se pierde en la noche de los tiempos. Éste enfoque, llevado al extremo, define a las mujeres como moldeadas por otro (precisamente la misma definición que pretenden superar), y a los hombres como opresores de una u otra especie


[1] Si todas las diferencias fueran meras construcciones culturales arbitrarias, entonces el embarazo y la lactancia serian resultado de una confabulación del patriarcado

dijous, 22 d’octubre del 2009

La teoría de la imposición

Para finalizar el máster en Práctica Filosófica y Gestión social que cursé en la Universidad de Barcelona redacté un trabajo en el que hablo de postmodernismo y feminismo, sobre todo basándome en la obra de Ken Wilber y su filosofía integral. Copio algunos framentos que tienen que ver con la masculinidad y la política

Tanto los investigadores ortodoxos como las feministas están de acuerdo en que, prácticamente en todas las culturas, el poder de los sexos ha sido repartido asimétricamente. Ha habido algunas sociedades más o menos igualitarias (sobre todo las hortícolas basadas en la azada) y otras en las que dominaban los hombres, pero jamás al revés, a saber: sociedades de dominio femenino en los campos público/productivos.

Ante la pregunta “¿Por que las mujeres no han sido superiores a los hombres en su acceso a los recursos naturales escasos?”, ciertas corrientes feministas postmodernas recurren a la “teoría de la imposición”: porque los hombres han sido muy, muy malos, astutos y violentos, de ahí la histórica minusvaloración de las mujeres. Otras feministas que estudian el poder, como Janet Chafetz[1], responden señalando que esa minusvaloración se dio porque ellas no se especializaron en los roles del sector público/productivo, que siempre ha sido más valorado. Y a continuación se hace la pregunta crucial: ¿Por qué las mujeres, como categoría, nunca se especializaron en los roles público/productivos? Su investigación sobre esa diferencia en la asignación de roles ofrece una respuesta basada en razones de eficiencia, sustentada en parte en hechos biológicos (mayor fuerza de los varones, por ej. al manejar el arado). Los datos que aportan Chafetz y otros colegas son que, en situaciones de amenazas, desastres o escasez, la fuerza física de los hombres pasa a valorarse mucho y los sexos se polarizan espectacularmente. Esto comporta una enorme tensión ambos (de hecho Chafetz asegura que los hombres lo tienen peor, ya que sólo ellos son los responsables de la defensa). Acudir a la opresión como explicación causal de estas diferencias es inadecuado y deficiente en casi todos los aspectos, pues entre otras cosas, no encaja en la curva de datos de las investigaciones de diferentes culturas en diferentes modos de producción[2].

En otras palabras, la polarización de los sexos, en la que los hombres dominan la esfera público/productiva y las mujeres la privada/reproductiva para detrimento de ambos, no tiene tanto que ver con la opresión masculina y la subyugación femenina sino con la vida en la biosfera. Con la diferenciación entre la biosfera y lo que algunos autores llaman la noosfera (emergencia de la cognición humana que transforma la biosfera), reforzada por la revolución científica y la Ilustración, las constantes biológicas no se eliminaron pero quedaron subordinadas a esta emergencia superior: la biología ya no determina el destino, como señaló Simone de Beauvoir. El status público de hombres y mujeres queda liberado del condicionamiento biosférico. En la biosfera, el poder crea el derecho, y el status sigue a la función física. En la noosfera, el derecho crea el poder, y el status es consecuencia de los derechos de los individuos libres. Este derecho no es que previamente hubiera sido reprimido, sino que antes no tenia sentido. Que la mujer no fuera productora de alimentos en el mundo biosférico podía condicionar gravemente su status e incluso su vida, sin embargo que ahora produzca o no alimentos en la esfera público/productiva es irrelevante respecto de los derechos que como sujeto tiene en la noosfera, una situación revolucionaria y sin precedentes.

El feminismo ha tenido que vérselas con una paradoja que la hipótesis de la imposición, sustentada por sus corrientes más acientíficas, contribuyó a embrollar: Las mujeres contemporáneas están preparadas y por supuesto aún es necesaria la liberación de estructuras y legislaciones arcaicas y opresivas, pero no es que previamente las mujeres actuasen de forma no-liberada y engañadas. La aparición de los movimientos de liberación sólo fue posible a partir del s. XVIII con la Ilustración y la separación de las tres esferas antes mencionadas, y estos movimientos no surgieron tanto para deshacer un estado de cosas viciado que hubiera podido ser diferente sino que señaló la aparición un estado de cosas totalmente nuevo que no tenía precedentes. Que antes de esas fechas no hubiera habido ningún movimiento femenino no se explica porque las mujeres tuvieran el cerebro lavado o fueran sumisas, sino porque la liberación de la mujer –entendida por el feminismo clásico en el sentido de la mujer como agente libre- carecía de significado mientras no estuvieran claramente diferenciadas la biosfera de la noosfera, en primer lugar, y el Estado y la esfera económica en segundo. Sólo en ese momento, y no antes, los derechos de las mujeres como agentes libres tenía sentido y deseabilidad. Allá donde surgió la racionalidad pluralista gracias a la Ilustración, el derecho empezó a reemplazar las relaciones sociales basadas en el poder (esclavitud, servidumbre, etc.), las cuales empezaron a verse como problemáticas e intolerables. Antes, el poder era ganado o tomado, su problema era como ejercerlo, no como compartirlo. Por ejemplo, para la ética de un guerrero, la compasión era debilidad. No es que el valor de la compasión universal estuviera reprimido, es que no era visto, no había emergido.


[1] JANET CHAFETZ, Sex and advantage. Totowa, N.J. 1984. Rowman & Alanheld.

Citado por KEN WILBER Sexo, ecología, espiritualidad. Ed. Gaia. Madrid. 2ª ed. Revisada 2005. Pgs 449 y ss.

[2]. “Estas teorías de la opresión están basadas en conceptos vagamente definidos y a menudo propensos a ser manipulados, tales como el “patriarcado”, la “subordinación femenina” y el “sexismo”. El uso de términos tan llenos de connotaciones emocionales y tan poco claros, típicamente combinados con un planteamiento normativo del tema de la desigualdad entre los sexos, tiene como resultado un máximo de retórica pero un mínimo de visión clara” CHAFETZ Op. Cit.

dimecres, 14 d’octubre del 2009

El feminismo del resentimiento

Para finalizar el máster en Práctica Filosófica y Gestión social que cursé en la Universidad de Barcelona redacté un trabajo en el que hablo de postmodernismo y feminismo, sobre todo basándome en la obra de Ken Wilber y su filosofía integral. Copio algunos framentos que tienen que ver con la masculinidad y la política

La teoría de la imposición ha fracasado en explicar los datos disponibles sobre el cambio de las estructuras matrifocales o bifocales-igualitarias (habitualmente hortícolas basadas en la azada), a las patriarcales (basadas en el arado y el caballo). No obstante ésta es la teoría central de lo que podemos denominar feminismo del resentimiento.

Ese feminismo intenta definir a las mujeres como víctimas impotentes de la “imposición masculina”, a diferencia de las corrientes más actuales o el “feminismo del poder” que se niegan a ver a las mujeres como subyugadas y las ven como co-creadoras iguales, bajo las circunstancias dadas, de las diversas formas de interacción social.

Desde el principio las feministas han tenido que enfrentarse con la paradoja de que mujeres de otros tiempos y lugares –las “Bernarda Alba”, por ej.- elegían valores ajenos a la liberación, unos valores que no encajaban con su propia herencia liberal ilustrada. En consecuencia, la elección de estos valores “no-feministas” se atribuyó a una fuerza externa (y no a una elección deliberada co-creada por las mujeres frente a la dificultad de las circunstancias). Postular esta fuerza externa, la teoría de la imposición, definió a la mujer como moldeada por el Otro, que les lavó el cerebro y las sometió por la fuerza. Se asumió que este Otro malévolo era el Hombre Genérico y se puso en marcha en los departamentos universitarios de los Gender Studies los miles de Estudios sobre la Opresión con el extraño fin de devolver a las mujeres el poder, definiéndolas, en primer lugar, como impotentes.

La visión de la historia, según este feminismo del resentimiento, es que la mujer es la Víctima Eterna, y ya es hora de devolverle el poder. Sin embargo, al definirlas como moldeadas por el Otro lo que hacen es disolver su poder, y en lugar de estudiar como hombres y mujeres co-crearon los estadios previos del desarrollo, rebuscan en la historia una respuesta sólo para mujeres. Como desde su ideología no la encuentran, esa falta de respuesta no puede ser lo que las mujeres “realmente” quieren y se debe adscribir a la opresión masculina, sustrayéndola así de las mujeres. Estos planteamientos, pretendiendo dar poder a las mujeres, por definición las priva de él, y el feminismo del resentimiento cae en interminables círculos de impotencia intentando recuperar un poder que primero han tenido que ceder. A las feministas victimistas les cuesta mucho asumir la responsabilidad de su propia historia y elecciones. Se puede comprender que cueste asumir responsabilidad por un estado –el de las mujeres actualmente- que aún dista mucho de ser deseable. Pero la cura no reside en la recuperación de un pasado previo al patriarcado presentado a través de una ideología de culpabilidad, sino en apoyar una emergencia que aún se resiste. El “enemigo” no es algo que los hombres hicieron ayer a las mujeres, sino algo que una evolución aún insuficiente hizo a ambos.

dijous, 8 d’octubre del 2009

Del pluralismo postmodernista a la fragmentación narcisista

Los ejemplos del feminismo del resentimiento con su teoría de la imposición forman parte de una tendencia favorecida por ciertas corrientes postmodernistas que podríamos calificar de esencialistas. Hemos comentado cómo el postmodernismo puso luz en grupos y visiones no tenidas en cuenta anteriormente con el resultado de un pluralismo más abarcador y democrático. Sin embargo éste pluralismo puede degenerar en una regresión etnocéntrica que viene a decir que no se puede hablar de los negros si no eres negro, que hay que ser una mujer para saber cualquier cosa de las mujeres, lo mismo que de los gays o de los emigrantes. En otras palabras, formar parte de un grupo es una experiencia que en primer lugar te separa de los que no están en él y sólo te une a sus miembros, en segundo lugar asumes que tus triunfos y fracasos en la vida son una versión de las luchas de tu grupo –lo personal es político-, y en tercer lugar mantienes que tu grupo tiene intereses que han sido dejados de lado o ha sido directamente agredido, por tanto hay que cambiar como se ve el grupo desde fuera. Esta aceptación parece que debe conseguirse condenando y culpando al grupo al cual se busca su aceptación. Es la emergencia de lo políticamente correcto, que tantos estragos ha causado en los campus norteamericanos[1] –y no solamente allá.
Este esencialismo se inscribe en una tendencia aún más amplia de nuestra sociedad que se puede denominar como la cultura de la queja, la excusa del abuso o la victimitis. Consiste en tomar el modelo de las tragedias de las víctimas reales (esclavitud, discriminación sexual, delincuencia…) para aplicarlo al más ligero insulto al hipersensible ego del miembro del grupo. El resultado es vindicar que uno no es responsable de sus propios problemas, ya que es una víctima (aunque si voy a reprochar a otro de mis problemas, ése sí que debe ser responsable de lo que hace, si no se puede empezar el juego). El estatus de víctima otorga muchas ventajas, básicamente ser acreedor de derechos especiales, es decir: derechos sin deberes. El problema de ese juego es que si se supera este estatus entonces se pierden esos derechos, con lo cual conviene seguir eternamente en la situación de víctima. La denegación crónica de responsabilidades que practica cierto postmodernismo, lejos de aliviar la baja auto-estima de la víctima, asegura su perpetuación como tal.

La forma más fácil y rápida de asegurarse derechos especiales es pues la de competir por un estatus encubierto de víctima, porque esto permite al grupo victimizado reclamar compensaciones sin dar previamente (porque ya ha sufrido tanto…), de ahí la gran popularización de la cultura de la queja o la victimitis. Dondequiera que haya víctimas tiene que haber forzosamente victimarios u opresores. Al principio de esta reivindicación gratuita de derechos sin deberes, la provisión de compensaciones venía del hombre blanco heterosexual y todos los grupos se abastecían de él para declararse su víctima. Sin embargo este proveedor ya se ha agotado y fragmentado: dentro de los hombres blancos ya hay muchos grupos que están compitiendo por obtener derechos especiales bajo el estatus de víctimas: los drogadictos, los discapacitados, los padres divorciados, los bajitos, los gordos, los maltratados en su infancia… se acabó la reserva de los tipos malos. Una nación de oprimidos sin que queden ya opresores. Parece ser que todo el mundo ha victimizado a todo el mundo y todos piden derechos especiales para protegerse de los demás. Una fragmentación que amenaza con una fractura social cuando es la misma sociedad la única que puede asegurar y proteger los derechos de todos.
La sociedad premoderna solía culpabilizar a la víctima, el postmodernismo extremo la crea. Cuando encuentra cualquier clase de disparidad entre las personas, asume que esas diferencias tienen que haber sido impuestas por alguna fuerza vengativa u opresora. Por supuesto que hay este tipo de fuerzas, la filosofía ha dado buena cuenta de ellas los tres últimos siglos, pero no toda diferencia es atribuible a unas fuerzas opresoras. Este postmodernismo falla en diferenciarlo y por lo tanto no le queda más que recurrir al binomio opresor/víctima para poder explicar la realidad social.



[1] Alan Charles Kors and Harvey A. Silverglate The Shadow University: The Betrayal of Liberty on America’s Campuses. Free Press, 1998

dissabte, 3 d’octubre del 2009

Del pluralismo al etnocentrismo relativista

El pluralismo universal y los movimientos por la diversidad cultural tienen un noble objetivo: valorar a todas las culturas y grupos bajo la misma luz. La mayoría de las corrientes del postmodernismo, que alcanzaron su auge con la generación del baby-boom, lucharon contra la desigualdad y las tendencias marginadoras tanto del absolutismo premoderno como de la fría racionalidad objetivadora moderna. Algunos califican este avance indiscutible como una evolución de la conciencia hasta un estadio post-formal (más allá del último estadio de Piaget). Al destacar el importante rol del contextualismo, el pluralismo y las perspectivas múltiples corrigieron muchas de las insuficiencias de la mitología feudal y la racionalidad ilustrada. Así surgieron los discursos que ponían luz en el racismo, el sexismo, el falocentrismo, el colonialismo, el androcentrismo, el especismo, el logocentrismo y otras críticas que se han revelado imprescindibles para consolidar los derechos de las personas.

Sin embargo estas características del pluralismo han estimulado el nihilismo parasitario que critica todos los discursos como perspectivas (ocultando la suya) y el narcisismo emocional hiperindividualista de “a mi nadie me dice lo que tengo que hacer. Conozco mis derechos, (olvido mis responsabilidades)”. Si toda verdad es relativa y moldeada culturalmente, entonces ninguna es vinculante ni tiene poder sobre nada. Bajo este paraguas han encontrado cobijo toda clase de impulsos narcisistas, premodernos y etnocéntricos (“mi grupo y nuestros derechos, los demás que se jodan”).

Lo curioso es que ese pluralismo no es una postura con la que estén de acuerdo todas las culturas, al contrario: la mayoría de las culturas premodernas y las etnocéntricas no lo reconocen y se oponen a él. La paradoja está que en nombre de ese pluralismo se aliente el etnocentrismo exclusivista apelando a un relativismo que niega todas jerarquías de dominación excepto la de su propio grupo.

Desde esta fragmentación exclusivista, en nuestro caso bajo la perspectiva del feminismo del resentimiento, es desde donde se construyen discursos en que se usan las herramientas del postmodernismo con el aparente noble objetivo de defender los derechos de las mujeres. Esos derechos se invocan para protegerse del Hombre como Opresor inveterado –si no en acto, siempre en potencia- pero su vindicación exclusivista y excluyente de hecho está avalando la privación de derechos fundamentales de otros, especialmente de los niños, y por tanto apoyan situaciones gravísimas de maltrato que quedan invisibilizadas