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dilluns, 18 d’octubre del 2010

Narcisismo y competitividad entre hombres. Por Alfonso Colodrón

No quiero bombardear mi propio género, como si me hubiera “trasvestido” cerebralmente. Este artículo dedicado especialmente a los hombres no significa que las mujeres no compitan entre sí, y muchas veces con los hombres, sean hermanos, compañeros de trabajo o pareja. Pero me centro en los hombres, porque los conozco –me conozco- y los comprendo –me comprendo- mejor. Y esto me autoriza a seguir criticando de forma constructiva, para salir del callejón sin salida en la que nos estamos metiendo, si es que no estamos de lleno en él.

Estas reflexiones son fruto de lo que observo y de mi propia experiencia. ¿Qué pasa hoy día con la sexualidad masculina? ¿Estaría en retroceso en las generaciones de jóvenes occidentales y urbanos?

El mito se mantiene, pero la realidad lo desmiente. El mito de que los hombres siempre estamos listos para la actividad sexual. Cada vez acuden más hombres jóvenes a mi consulta con un común denominador: los valores que les transmitieron durante la infancia y la adolescencia, lo que se muestra en anuncios y películas, no corresponde a lo que sienten. Son muchos los que se sienten tímidos y sin recursos para acercarse al género femenino. Algunos se sorprenden de que sean ellas las que se acerquen, tomen la iniciativa y tengan claro lo que quieren.

Otros muchos, que no tienen esta dificultad, inician una relación de pareja y, al cabo de uno o dos años, “se aburren”, miran a izquierda y derecha, se culpan de sentirse atraídos por otras mujeres, batallan por tener algo de tiempo libre para los amigos, el deporte, sus aficiones y se quejan de sentirse controlados y sin tiempo para ellos. Un tiempo que no quieren forzosamente compartir. Tal vez quieran dedicarse a navegar por la red, ver un partido de fútbol en la televisión, leer el periódico, o sencillamente vaguear en casa sin hacer nada. “Quiéreme libre, déjame ser” parecería que gritan desde el fondo del alma, sin atreverse a formularlo, por miedo a la ruptura, la soledad, la vuelta a empezar o… simplemente por la comodidad de no tener que esforzarse cuando les pica la testosterona.

Y hay personas que ya pasaron de los cuarenta y cuya libido disminuyó, no porque sea ley de vida, sino porque están completamente absorbidos por el trabajo, la economía familiar, la crisis, el miedo al futuro, los hijos… Y lo normal es que sus respectivas parejas vivan frustradas, y con razón. Porque la sexualidad es una energía mucho más amplia que tener un coito, con o sin orgasmo. Y el orgasmo es algo más que soltar la tensión acumulada.

Mantener un alto nivel de energía sexual nos lleva a poner en cuestión la vida actual sedentaria, los trabajos sin sentido, la comida basura, los estímulos artificiales, la pérdida de contacto con la naturaleza, el consumismo como alternativa a la frustración y al vacío existencial. La energía sexual, si no se quiere sublimar, requiere retroalimentación, riego, originalidad. Todo lo contrario de la rutina. Si se está en pareja, se necesita comunicación, conciencia, poner palabra a sentimientos y necesidades, a problemas y soluciones. No se puede sustituir la relación sexual por la verbal, ni viceversa. Hay parejas que arreglan una discusión monumental con un polvo. Y hay quienes no mantienen relaciones hace años y discuten sin parar –otra forma de descargar energía-.

Es cierto que los hombres en todas las épocas históricas han competido y que la Historia podría simplificarse afirmando que se reduce a una sucesión interminable de guerras, conquistas y colonizaciones diversas. Pero esta es la historia que nos han contado. Nunca nos hablaron de la Historia hecha de cotidianeidad y de vidas individuales que intentaban sobrevivir física, emocional, mental y espiritualmente. Una historia en la que el ser humano no avanzaba sólo hacia más técnica y conocimiento, hacia más cultura y civilización, sino hacia más conciencia individual y colectiva.

Lo que podría estar ocurriendo hoy día, entre otros muchísimos fenómenos interconectados, es que parte de la energía sexual no empleada ha sido redirigida por el sistema hacia la producción y el consumo. Y para producir eficazmente, sobre todo beneficios económicos, es muy eficaz imbuir desde niños que para sobrevivir es necesario competir ferozmente. Competir en el trabajo y competir por obtener todos los bienes de consumo que otorgan identidad y estatus: casa, coche, aparatos electrodomésticos, vacaciones… Y en el camino, se acentúa el narcisismo, porque los espejos en los que los hombres se contemplan son ellos mismos clonados. No está de más recordar que el joven Narciso se ahogó, enamorado de su propia imagen reflejada en las aguas de un estanque.

Y de este narcisismo generalizado tampoco se libran muchos de mis colegas terapeutas: aquellos que no se supervisan hace años, porque creyeron haber llegado a la cima de la eficacia terapéutica y de su propia salud psico-emocional. Y con tristeza compruebo el individualismo, la poca comunicación y la escasa co-creatividad en un colectivo que podría dar ejemplo, más allá de la esfera y de los límites en los que sí se produce cierta ayuda, acompañamiento y sanación de los consultantes. No es casual que existan multitud de estudios sobre todo tipo de trastornos de personalidad, pero muy pocos dedicados al narcisismo, que yo consideraría una especie de autismo social, que deriva en falta de solidaridad, colaboración y creatividad colectiva.

He encontrado algunas excepciones en mi camino. Algunas de ellas muy recientemente entre colegas mexicanos que sí viven lo que dicen y practican en su vida lo que hacen en sus sesiones de terapia y en la formación de los futuros terapeutas. Igualmente, algún colega francés, otro estadounidense… y me sobra una mano… Pero me reaviva la esperanza y, como este asunto y todos los conectados, dan para mucho más, recomiendo entre tanto leer el libro de David Deida, El camino del hombre superior (Editorial Gaia), para poder empezar a replantearse algunos hábitos nada satisfactorios y a encontrar algunas respuestas que ya empezábamos a intuir.

Y a punto de terminar este artículo, me llega un correo electrónico de una colega, que participó recientemente en uno de mis talleres. Por ser una vivencia femenina que cualquier hombre podría integrar, cuando sale de la competitividad y del narcisismo, reproduzco su testimonio, que gentilmente me autoriza a reproducir:

Hoy mismo, a las 5:30 de la mañana, estaba viendo amanecer dentro del mar, en una playa preciosa de Túnez. Llegó una mujer musulmana y se metió al agua cerca de mí, mojándose los pies... Poco a poco fue confiando y despojándose del velo, de la ropa… Tardó como una hora en hacerlo... La vi el cuerpo; ella me miraba… Fue todo un ritual que me llevó a agradecer esa oportunidad que estaba viviendo, desde el silencio. Nos estábamos acompañando... en ese amanecer.

No otra cosa es la auténtica terapia. No otra cosa es salir del narcisismo y la competitividad. En el silencio interior, mientras se disipan las brumas y se hace la luz.

CÍRCULO DE HOMBRES

CÍRCULO DE HOMBRES

5º AÑO DE ENCUENTROS EN PIEDRALAVES

PROGRAMA 2010 - 2011

LA TRANSFORMACIÓN MASCULINA

PUESTA EN ACCIÓN

Cualquier cambio interior, si es auténtico, fluye naturalmente produciendo cambios en el entorno –pareja, familia, ambiente laboral, vecinos, ayuntamiento, Comunidad autónoma, país-Estado, mundo, universo-.

Este quinto año nos centraremos en el DENTRO-FUERA. Ese será nuestro Eje.

El Hilo conductor: CUERPO, NATURALEZA, POLÍTICA y TRASCENDENCIA

I. 26-28 de Noviembre: VIENTO DEL OESTE. Otoño. El trueno del despertar. Despertar el CUERPO masculino. Energía masculina. Movimientos conscientes y movimientos inconscientes. Fuerza y sensibilidad. También los hombres somos el cuerpo de la Tierra. Ecología en acción.

II. 11-13 de Febrero: VIENTO DEL NORTE. Invierno. La fuerza de la NATURALEZA dormida. Sus cualidades masculinas y cualidades femeninas. El cuerpo es naturaleza. Acumular y soltar. Fluir con el entorno. La fuerza del silencio. La palabra que surge del Vacío interior (ausencia de miedo y desapego del deseo).

III. 15-17 de Abril: VIENTO DEL ESTE. Primavera. El despertar de la vida y de la luz interior. El hombre Sol no proyecta sombra. Conocimiento y sabiduría. La POLÍTICA iluminada como servicio a la humanidad. Servir a la humanidad es servirse a sí mismo. Conocerse es pasar del YO al NOSOTROS. En el NOSOTROS están ELLAS.

IV. 10-12 de Junio: VIENTO DEL SUR. Verano. Los frutos. La TRASCENDENCIA implica integrar la línea del pasado y el futuro en el punto del AHORA intemporal. Trascender es ir más allá de las creencias y las rutinas del propio carácter para adentrarse en el Misterio. Trascender el ego no es luchar contra él, sino convertirlo en herramienta creativa para cumplir el propio destino. El propósito y la misión del hombre transformado en el siglo XXI.

Esta serie de cuatro encuentros tienen un hilo de continuidad, pero puede asistirse a uno, a varios o a todos, porque quien se incorpora se aprovecha de la conciencia-energía acumulada por el alma de grupo y queda integrado en ella en la medida de su propia apertura y disponibilidad.

Contacto y reservas:

Manuel Millán Tel. 680 440 869 manuelmillan@elartedevivirenplenitud.es

Alfonso Colodrón: 606 738 198 tao@alfonsocolodron.net

Inversión: 210€ si es el primer taller al que asistes.

190€ si ya has asistido a alguno anteriormente y también los siguientes.

(El precio incluye el taller y alojamiento en pensión completa de viernes a media tarde a domingo después de comer)

Imprescindible hacer reserva de plaza, 100€, al menos 10 días antes del encuentro

Los facilitadores:

- Alfonso Colodrón: Miembro titular de la Asociación Española de Terapia Gestalt (AETG) y consultor transpersonal. Profesor acreditado de eneagrama por la Asociación Internacional de Eneagrama (IEA). Licenciado en Derecho (Complutense) y en Ciencias Sociales del Trabajo (Sorbona). Autor de: El latido de las palabras: escuchar y celebrar la vida. Tao Te Ching al alcance de todos. La adopción, un viaje de ida y vuelta. “Quiéreme libre, déjame ser” (aparición en diciembre de 2010). Durante los últimos cinco años se ha especializado en cuestiones de género y relaciones de pareja. Ha traducido entre otras obras: “Más allá del héroe, historias clásicas de hombres en búsqueda del alma”. El viaje del corazón, las relaciones íntimas y el sendero del amor”. “Recobra tu intimidad, cómo superar la adicción a las dependencias afectivas”. ”El código del samuray”. “Camino de guerreros, códigos de reyes”.

- Manuel Millán: Terapeuta Gestalt (miembro de la AETG). Máster en PNL Transpersonal. Psicoterapia Integral y Eneagrama (programa SAT). Miembro Titulado de Espacio Movimiento España y Río Abierto Internacional, (4ª promoción) Instructor de Movimiento y Terapia Psicocorporal y Transpersonal para el Desarrollo Armónico. Formado en Masaje terapéutico y psicosensitivo, y en Constelaciones Sistémicas y Familiares. Facilitador de diversos trabajos de género y Grupos de Hombres.

dimarts, 1 de juny del 2010

Recursos masculinos de creatividad y amor

Que nadie se lleve a engaño. No daré en este artículo píldoras mágicas para convertirse en príncipe si se es sapo. Y todos somos un poco sapos para alguien, porque sólo la visión ajena es la que nos hace, atractivos o repugnantes, útiles o inútiles, deseables o “descartables”. Los sapos también contribuyen a la biodiversidad y, además de tener derecho a la vida, también ocupan su lugar imprescindible en la jerarquía zoológica. Cumplen su función. Tienen su propia misión. Y…., además, siempre encuentran pareja gracias a su canto y a sus desplazamientos a la orilla de las charcas cuando abandonan su zona de seguridad en la época del apareamiento.

Tampoco expondré estrategias para ligar, ni ejercicios tántricos para estimular las relaciones sexuales que se hayan vuelto aburridas o rutinarias. Ni tampoco, de momento, como para iniciar una nueva vía de desarrollo personal y espiritual. Tal vez nos adentremos en ello más adelante a medida que vayamos avanzando etapas. Parecería lógico preguntarse entonces: ¿pero existe alguna diferencia entre recursos masculinos y recursos femeninos para ser una persona creativa y amorosa? Pues sí, porque existen cualidades típicamente masculinas y cualidades típicamente femeninas, a pesar de que la mayoría de ellas puedan ser integradas en mayor o menor medida por hombres y mujeres.

El punto esencial en común a ambos géneros es la toma de conciencia. Cuanto más consciente sea una mujer o un hombre de sus pasiones dominantes y de las virtudes que le son fáciles de practicar, más fácil le será acercarse a su potencial. Si conocemos nuestros límites y nuestras cualidades, si reconocemos nuestra vocación y nuestro destino, la vida se hace más fácil; la vida interior se desarrolla en armonía con las circunstancias externas. Basta con seguir el hilo de oro de nuestra visión y de nuestro propósito para que todo fluya como un río ininterrumpido. Y parte de este proceso de conocerse podría consistir en determinar los arquetipos que inconscientemente seguimos.

El carácter, la personalidad, puede ser tanto una jaula, una prisión, como un elemento para justificar lo que hacemos y lo que dejamos de hacer. A veces se tienen dificultades de relación con algún tipo de personas y rápidamente se recurre a la incompatibilidad de caracteres. Lo cual sólo es una forma más de cristalizar la estructura del propio carácter, de dar otra vuelta a la llave que cierra la puerta de la jaula. Existen multitud de mapas para determinar el tipo de persona que somos. Uno de los más útiles, completos y eficaces es el Eneagrama, que hoy día comienza a divulgarse, porque ha salido del “armario”:a de su histórico marco esotérico y secretista. Sin embargo, son pocos los que se adentran en las figuras arquetípicas de los dioses y de los héroes griegos, a pesar de que toda la cultura occidental sigue profundamente marcada por la filosofía de la Grecia clásica. Hoy día, no obstante, parece que no debemos nada a este país y a su historia, salvo prestarle dinero a regañadientes para salvar el euro y la economía europea.

Todo el mundo ha oído hablar de Zeus, que presidía el Olimpo de los dioses y las diosas. Es un arquetipo que ha perdurado en todas las civilizaciones patriarcales hasta la actualidad. Pocos recuerdan que luchó contra su padre Cronos y, aliándose con sus hermanos Poseidón, señor del mar, y Hades, señor del mundo subterráneo, le venció y ocupó su lugar. Por eso, siempre temió que su hijo Ares, dios de la guerra, le destronase un día, además de despreciarle porque representaba su propia sombra, la imagen que no quería ver de sí mismo. Sin embargo, fue un buen padre con sus otros hijos, en especial con Dionisos, al que llevó en su propio muslo cuando murió su madre; con Artemisa, a la que concedió todo lo que necesitó para ser diosa de la caza; con Atenea, a la que concedió todos sus atributos de poder. En este y en los siguientes casos, llamo recursos masculinos creativos el aprovechar todas las cualidades positivas de este arquetipo.

Quien se halle dominado por el arquetipo de Zeus en busca de poder, puede también aprovecharse de otras cualidades olvidadas como: la rapidez en las decisiones y en la acción, la capacidad de formar alianzas, la integración de la perspectiva general y de la visión de los detalles, la facultad de sobreponerse rápidamente a las pérdidas…

El furioso Poseidón, vengativo y violento, que podía desencadenar tormentas, estaba sin embargo en contacto con sus emociones profundas –algo de lo que la mayoría de los hombres huyen-. En la profundidad de su reino marítimo también puede apreciarse el silencio y la calma, la belleza de las formas del reino submarino. Protegió a sus hijos con una lealtad inquebrantable. No será, sin embargo, muy competitivo en el mundo empresarial y difícilmente sobrellevará un matrimonio con una mujer ejecutiva. No obstante, si se alía con el arquetipo de Hermes, puede manifestar su profundidad a través de la literatura, el teatro, la poesía, el cine…

Hermes (Mercurio para los romanos) era el mensajero de los dioses. Imprevisible, ágil, fluido, alegre y amante de las ninfas. Un hombre con este arquetipo puede desenvolverse con facilidad en el mundo de la diplomacia, el comercio, los medios de comunicación… Era algo embaucador, pero cualquiera, en lugar de convertirse en un estafador o en un seductor de mujeres, podría ser un buen detective o un policía que se adelanta a la mente del malhechor. También un buen terapeuta que desentraña con su agilidad mental los laberintos del consultante. En época de depresión, aliarse con Hermes, puede rescatar al niño interior, inocente, lleno de vida y esperanza, que se entusiasma en el momento presente con un rayo de sol o el vuelo libre de una mariposa.

Apolo, su hermano, representa la cordura y la moderación, cualquier tipo de belleza y arte, lo inteligible y racional frente a lo fantástico y emotivo. Observa y actúa a distancia y brilla en un mundo patriarcal. Sabe lo que quiere y lo consigue porque se centra en su objetivo. Representa el arquetipo fraternal –se llevaba bien con Artemisa con la que compartía arco y flechas-, por lo que trabaja bien en equipo y en pie de igualdad con las mujeres. Evitador de conflictos no será alguien que desencadene guerras ni pleitos. Tal vez le vendría bien tomar algo de las cualidades de Afrodita, diosa del amor, porque en el reino de Eros se siente forastero. Prefiere matrimonios con mujeres frías y profesionales tipo Atenea. Un hombre con este arquetipo dominante haría bien en hacer sitio a Dionisos (Baco para los romanos), y poder descender de la mente al cuerpo y al corazón.

Lo dionisiaco tiene mala prensa en el mundo actual, porque conecta con la locura, la embriaguez, el éxtasis, la pérdida de control, el dolor y la muerte. En un mundo patriarcal, siempre se llevó mal este dios que estaba más cerca del reino místico y del mundo femenino. Como Hermes, parece el eterno adolescente, algo Peter Pan, que puede atraer parejas-madre que le cuiden. También puede representar un cierto carácter andrógino, de síntesis entre cualidades femeninas y masculinas. Un hombre maduro, con una personalidad bien formada, no tiene nada que perder y sí todo que ganar, dejando que Dionisos se introduzca un poco en su vida: profundidad de sentimientos y posibilidad de experiencias cumbre. Intensidad, sensualidad, espontaneidad y fusión en los encuentros amorosos. Esto es lo que pueden recibir de Dionisos. Si alguien se identifica exclusivamente con este arquetipo podría, si quiere madurar y crecer sin verse sumido continuamente en la paradoja, desarrollar cualidades de Zeus (si tiene o ha tenido un padre protector o desarrolla internamente el propio padre autoprotector ). O de Hermes (con su capacidad de sumergirse en las profundidades del mundo subterráneo y volar inmediatamente a las alturas sin quedarse emocionalmente atrapado). Y también de Apolo (con su pensamiento lineal y su claridad).

Ojalá sirvan estos ejemplos resumidos para estimular la creatividad y el amor en los nuevos hombres que quieren transformarse y, con ello, transformar el mundo que nos rodea.

Alfonso Colodrón.


IN LAK’ECH (YO SOY OTRO TÚ)

HALA KEN (TÚ ERES OTRO YO)

Muluc Uuk 189

Talleres residenciales para hombres

Transformaciones

Activas

Orientadas

Talleres residenciales para hombres

Abiertos a todos aquellos hombres interesados en alguno de los siguientes objetivos:

Encontrar un nuevo arquetipo masculino del siglo XXI

Recuperar la auténtica fuerza masculina

Trabajar la sensibilidad, las emociones, la creatividad.

Indagar en su propia sombra proyectada sobre las mujeres.

Cerrar circuitos con el padre y con la madre.

Liberarse de viejos tabúes.

El hombre consciente, creativo y amoroso del siglo XXI.

11-13 de Junio de 2010

Nuestra acción nueva en un mundo nuevo. Una forma nueva de relacionarse con los hombres y con las mujeres. Cómo reflejar el trabajo interior en la transformación de nuestro entorno y de la sociedad en general.

Este taller residencial, en la Sierra de Gredos, cierra un ciclo de tres años. En él han participado 60 hombres entre 18 y 65 años, con independencia de su estado civil, de su orientación sexual y de su nivel cultural y profesional.

Abrirá una nueva etapa en la que cualquier nuevo participante podrá beneficiarse de todo lo hemos ido trabajando en estos años.

Todos los talleres son vivenciales y no sólo teóricos. Se desarrollan en plena naturaleza, en un bello entorno de la sierra de Gredos. Empleamos todos los recursos heredados de las viejas tradiciones y de las nuevas terapias, poniendo el énfasis en el desarrollo e integración de cuerpo, mente, corazón y espíritu.

Facilitadores:

Alfonso Colodrón (terapeuta gestáltico y consultor transpersonal, profesor de Eneagrama acreditado por la IEA, escritor e investigador de las relaciones de género).

Manuel Millán (tterapeuta gestáltico, formado en psicoterapia transpersonal e integral con el programa S.A.T. Master en PNL transpersonal. Actualmente está terminando su formación de Movimiento Expresivo sistema Río Abierto y Constelaciones familiares)

Fecha: Viernes 11 de Junio (a las 20h) a Domingo 13 de Junio (después de comer).

Contribución: (taller, alojamiento y manutención): 200 E primer taller que se realice. 180 los siguientes talleres.

Grupos limitados a 16 personas.

Requisito: entrevista previa.

Inscripción: manuelmillan@elartedevivirenplenitud.es

Tel. 680 440 869

diumenge, 6 de desembre del 2009

Identidad masculina, trabajo, sexismo y clases sociales.

Para la mayoría de la gente, el trabajo es fundamental en la construcción de su identidad, el determinante primario de lo que se es. En las sociedades occidentales, entrar en el mundo del trabajo significa alcanzar la hombría. Es el rito de iniciación actual del hombre. Su entrada en el mundo público y productivo. Las definiciones culturales de la masculinidad dan un énfasis particular al papel del hombre como proveedor en el hogar. Funcionan de este modo como parte de una red de suposiciones ideológicas que apoyan la división sexual del trabajo entre hombres (público/productivo) y mujeres (privado/doméstico), aunque esto esté cambiando en las últimas dos décadas. De la misma forma, las expectativas acerca de la masculinidad fusionan los roles de “hombre” y “trabajador”: ser un hombre exitoso es ser un alguien productivo y cumplidr en el trabajo.

Para los hombres, la capacidad de proveer no sólo representa una cierta posición social, sino que garantiza los derechos a una cierta independencia económica. Dadas las potentes conexiones entre el trabajo y la masculinidad, no es sorprendente que el desempleo traiga consigo el estigma de una masculinidad fallida y de una dependencia “forzada”. De hecho, los medios de comunicación invariablemente pintan al hombre desempleado como “hombre derrotado”, atrapado, en peligro, como si estuviera en alguna medida castrado y reducido a pasar sus horas en el hogar “femenino”. La fuerza de la identidad de género como ideología se deriva del hecho de que a la hombría se la confunde fácilmente (y deliberadamente) con la masculinidad biológica. Así, a las construciones ideológicas se les otorga el estatus de “lo natural”.

En este contexto, no es una coincidencia el que los valores masculinos reflejen los valores que caracterizan la economía y la ideología del capitalismo actual: competitividad, autoridad, individualismo, fuerza, agresión y jerarquías. De hecho, la noción del hombre “proveedor”, tal como existe actualmente, surgió con el advenimiento del capitalismo industrial en la segunda mitad del siglo diecinueve. En la sociedad precapitalista, si bien la masculinidad y el patriarcado eran afirmados mediante el trabajo en la transmisión de ocupaciones de padre a hijo, la producción era generalmente una empresa llevada por toda la familia desde el hogar (comunidades agrícolas y artesanales). Además, en el contexto de la obligación general de trabajar, la masculinidad adquiere un especial significado político. Dado que los hombres perciben el trabajo como parte integral de la identidad masculina, como una responsabilidad “natural”, la masculinidad funciona en la práctica como un elemento que refuerza la actual organización del trabajo y como un freno para que surja una nueva organización. De manera similar, es más probable que los hombres desempleados vean su suerte como una derrota personal y no como una razón para cuestionar el sistema que los convierte en inservibles para producir y para consumir.

Este aspecto de la masculinidad es particularmente importante cuando se analizan cuestiones de clase. El trabajo raras veces es una experiencia gratificante o satisfactoria. No es el lugar donde se cumple la promesa de la independencia o del poder masculinos. Por el contrario, el ingreso al trabajo de un joven suele ser en la práctica una garantía de subordinación constante, a no ser que pueda escalar puestos. En muchos trabajos, esto es imposible. Largas horas, bajos ingresos, tareas repetitivas y en absoluto desafiantes, monotonía y una continua subyugación a la incuestionable autoridad del jefe caracterizan la realidad del trabajo para la una inmensa mayoría de hombres y mujeres, sobre todo si tienen una baja cualificación profesional. Como consecuencia, el estilo de masculinidad de los hombres de los escalones inferiores de la sociedad tienden a compensar la falta de poder político y económico con un estilo de machismo más inmediato y agresivo. También sirve para promover formas de solidaridad colectiva en el lugar de trabajo, en los rituales de camaradería que se evidencian en las bromas, el consumo de alcohol, etc. Los “rituales machistas” en el lugar de trabajo, más que desafiar la organización del trabajo, la hacen tolerable. Ciertamente, la masculinidad alienta a los hombres a identificarse como grupo, en oposición a las mujeres, evitando que hombres y mujeres se identifiquen como trabajadores subordinados con intereses de clase particulares. En este sentido, la masculinidad genera solidaridad entre hombres de clases diferentes. Por otro lado, las relaciones entre hombres en el lugar de trabajo tienden a ser en general defensivas y superficiales. Esto podría atribuirse en gran medida a la competitividad, la represión de las emociones y la homofobia de la masculinidad convencional.

Por su parte, la masculinidad de la clase media tiende a definirse más por la autodisciplina que por las relaciones de autoridad, más por el individualismo que por metas colectivas o culturales. Si bien la masculinidad de la clase media cultiva un estilo más austero y restringido, ciertamente no es menos misógina, competitiva o dominante. La masculinidad, aunque fracturada parcialmente por la clase, une a los hombres como grupo al permitir actitudes y conductas sexistas. Sin embargo, es importante recordar que el poder no es compartido de igual forma entre todos los hombres: es la minoría de hombres con elevados ingresos la que ejerce mayor influencia en las instituciones que refuerzan y mantienen el sexismo, los estereotipos de género y los patrones de la organización del trabajo.

En general, el movimiento de hombres antisexistas ha evadido, hasta cierto punto, el abordaje de los asuntos de trabajo y clase.

Probablemente en esto haya dos razones principales. En primer lugar, los asuntos relacionados con el trabajo, el capitalismo y sus conexiones con el sexismo y la masculinidad son relativamente difíciles, y a menudo no se los considera particularmente relevantes. En segundo lugar, el movimiento de hombres es un fenómeno predominantemente de clase media y, debido a las divisiones de clases sociales, no comparte una base cultural común con los hombres que no pertenecen a la clase media.

Los movimientos de hombres deberían considerar que, aunque suelan priorizar el desarrollo personal, no es probable que consiga atraer a muchos hombres de la clase trabajadora. La mayoría de éstos no tiene la energía, el tiempo libre o la libertad personal que se requieren para tal compromiso. El movimiento de hombres debe llevar activamente su lucha contra el sexismo a la cultura del lugar de trabajo, y esto probablemente pueda lograrse mediante proyectos conjuntos con los sindicatos. Esta tarea también necesita ser realizada sin perder de vista las realidades de la estructura del trabajo. Por ejemplo, no es probable que la mayoría de hombres de la clase trabajadora algún día cercano tenga suficiente seguridad laboral ni “valor de mercado” como para conseguir el establecimiento de disposiciones para lograr, por ejemplo, permisos de paternidad en la práctica. El futuro de los grupos políticamente movilizados en torno a los asuntos de violencia masculina, sexismo y masculinidad radica en su capacidad de apreciar adecuadamente y actuar sobre las interconexiones de todas las formas de opresión.

Por Mike Leach


Alfonso Colodrón.

Terapeuta gestáltico y consultor transpersonal.

www.alfonsocolodron.net

dilluns, 7 de setembre del 2009

PALABRA DE HOMBRE.Talleres residenciales para hombres

Abiertos a todos aquellos hombres interesados en alguno de los siguientes objetivos:

  • Encontrar un nuevo arquetipo masculino del siglo XXI
  • Recuperar la auténtica fuerza masculina
  • Trabajar la sensibilidad, las emociones, la creatividad.
  • Indagar en su propia sombra proyectada sobre las mujeres.
  • Liberarse de viejos tabúes.
  • Encuentro de mujeres y hombres con conciencia.

Todos los talleres son vivenciales y no sólo teóricos. Se desarrollan en plena naturaleza, en un bello entorno de la sierra de Gredos. Empleamos todos los recursos heredados de las viejas tradiciones y de las nuevas terapias.

Facilitador: Alfonso Colodrón. Licenciado en Derecho (Complutense) y en Ciencias Sociales del Trabajo (Sorbona). Miembro titular de la Asociación Española de Terapia Gestalt. Consultor transpersonal.

Colaborador: Manuel Millán. Terapia Gestalt. Master en PNL. Integrativa (SAT). Movimiento expresivo.

Precio del taller de fin de semana: 200 € el primer taller al que se asiste y 180 € cada uno de los siguientes. Pagando los cinco talleres por adelantado el precio es 800 € en total (160 € cada uno). La contribución económica para el taller de Semana Santa está por definir.

Contacto Alfonso: tao@alfonsocolodron.net; 606 738 198

Manu: manuelmillan@hotmail.com; 680 440 869

TALLERES PARA HOMBRES


I. 25, 26 y 27 de septiembre de 2009

Poder y competitividad entre hombres

Poder, competitividad y jerarquías: el cuerpo, la edad, la palabra, el dinero y el estatus social, la sexualidad. Poder político y poder espiritual.

II. 13, 14 y 15 noviembre de 2009

Identidad masculina. Masculino-femenino.

Sensibilidad y fuerza. Identidad por oposición a lo femenino. El miedo a la homosexualidad. Autonomía masculina.

III. 22, 23 y 24 de enero de 2010

Micromachismos en la vida cotidiana.

Los patrones introyectados. Igualdad y diferencias. Violencia de género. Evolución social e histórica del patriarcado. Nuestro posicionamiento ideológico y cotidiano frente a lo femenino y a las mujeres.

IV. Semana Santa de 2010 (Sábado 27 de marzo al sábado 3 de abril) Arquetipos y modelos.

Cualidades y limitaciones de dioses y héroes. Los grandes mitos que nos siguen influyendo. Falsos modelos del siglo XX. Enseñanzas del chamán tramposo para crear el nuevo hombre consciente del siglo XXI.

V. 11,12 y 13 de junio de 2010

El hombre consciente, creativo y amoroso del siglo XXI.

Nuestra acción nueva en un mundo nuevo. Una forma nueva de relacionarse con los hombres y con las mujeres. Cómo reflejar el trabajo interior en la transformación de nuestro entorno y de la sociedad en general.

Lo femenino y masculino plural. Aceptar las diferencias para evitar la desigualdad. Por Alfonso Colodrón

Palabra de hombre

En la búsqueda de la justicia, del equilibrio, de la igualdad en derechos de hombres y mujeres se olvidan las diferencias biológicas. No activan el ánimus las mujeres por el hecho de hacerse militares o bomberos. No integran el ánima los hombres por volverse, blandos y emotivos. Se trata de otra cosa que tiene que ver más con la profundidad que con la superficie, con un trabajo de toma de conciencia que con manifestaciones novedosas y espectaculares.

Conocer el principio masculino

y permanecer en la virtud amorosa de lo femenino

es convertirse en el cauce al que todos los ríos confluyen.

Ser corriente de vida del universo significa

caminar por el sendero de la virtud sin desviarse

y regresar a la inocencia original.

(Tao Te Ching, capítulo 28)

Son muchas las expresiones que hay que volver a definir en un tema tan delicado como el de la identidad de género y las relaciones entre mujeres y hombres.

Por mucho que un autor o una autora intentemos ser objetivos y situarnos por encima de nuestra condición de hombre o mujer, siempre correremos el riesgo de no podernos poner completamente en los zapatos del “otro”, de perder algún ángulo de visión. Sobre todo cuando tocamos fibras tan sensibles como la propia identidad, las relaciones de intimidad con la pareja, el amor, la sexualidad, los hábitos cotidianos de convivencia en el hogar… Jung llamó ánimus al principio masculino y ánima al principio femenino, dejando claro que ambos se hayan potencialmente presentes en mujeres y en hombres. El conocimiento, la acción, la transformación se atribuyen al ánimus. La receptividad, la persistencia, el silencio se consideran cualidades del ánima. ¿Pero acaso el máximo conocimiento, transformación y acción no es el alumbramiento de una nueva vida? ¿No es el parto el acto de creación por excelencia? ¿No se atribuye hoy día el silencio y la persistencia más a los hombres?

Parte del problema consiste en confundir lo cultural, lo psicológico y lo biológico. Uno nace macho o hembra, pero se hace hombre o mujer a lo largo de un proceso de socialización, educación, asimilación y diferenciación. También de opciones y elecciones personales en cuanto a orientación sexual, elección de roles y procesos de evolución y desarrollo personales. El expresivo título del ya clásico “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”, (John Gray, Random House Mondadori, 1993) se centra en las marcadas diferencias psicológicas entre hombres y mujeres, que explican muy bien los malentendidos frecuentes en las interacciones cotidianas: la mujer que cuenta un problema, simplemente para desahogarse y el hombre que inmediatamente quiere solucionarlo, en lugar de escuchar. El hombre que se siente minusvalorado por recibir un consejo no pedido y se retira a su cueva; la mujer que se siente abandonada por esta momentánea retirada…

Con más detenimiento se tratan diferencias más profundas de formas de pensar, sentir y expresarse en “¡Tú no me entiendes! La semántica de los sexos” ( Wolfgang Schmidbrauer, Herder, 1994). A pesar de ser psicoanalista, el autor pone en cuestión algunos de los postulados de Freud, que llegó a confesar que no había logrado averiguar finalmente qué desean realmente las mujeres.

Estudios más recientes apuntan a una lentísima evolución de los hemisferios cerebrales masculino y femenino, que tendría que ver con siglos y siglos de atribución de roles. Hace años, por ejemplo, se pudo comprobar que un mayor porcentaje de los accidentes de coche laterales eran producidos por hombres, mientras que el mismo porcentaje aproximado de accidentes frontales eran producidos por mujeres. Los investigadores llegaron a la conclusión de que la caza y la guerra, las persecuciones y las huidas repetidas durante milenios habían desarrollado una visión frontal, “de túnel”, en los hombres, en detrimento de su capacidad de visión lateral y circular. Las mujeres, por el contrario, habrían desarrollado más una visión circular, pero no frontal, al haberse encargado del mantenimiento del fuego y cuidado de la descendencia, despreocupándose de todo lo que no estuviese a unos metros de distancia.

Son sólo unas pinceladas para llamar la atención sobre un hecho: gran parte de las dificultades de relaciones de pareja son debidas al falso presupuesto de que, si hay amor, el otro va a responder a nuestras expectativas. Va a reaccionar del mismo modo en que reaccionaríamos nosotros. Va a hablar el mismo lenguaje verbal y corporal al cabo de unos meses. Pero resulta que a medida que van pasando los meses y los años, en lugar de más conocimiento lo que suele surgir es más extrañeza, incomprensión frustración y desacuerdos. Si se partiera de la base de que ambos, mujeres y hombres, somos recíprocamente extraterrestres, haríamos el esfuerzo de aprender cuál es la atmósfera de Marte y cuál es la de Venus –o tal vez que se sea capaz de vivir sin atmósfera-; cómo son en esos planetas los amaneceres y las puestas de sol, cómo comunican los marcianos y las venusianas entre sí. Claro, suponiendo que comuniquen, porque los marcianos comunican poco y mal y, si hay venusianas por medio, entran en una fase ridícula de competencia y competitividad.

Cuando se toma conciencia de las diferencias, se puede volver a reconstruir la unidad original. Somos humanos por encima de todo, antes de ser hombre o mujer, rico o pobre, blanco o negro, joven o viejo. Sin embargo, no es posible saltar etapas, porque la violencia de género y sus desigualdades son algo desgraciadamente muy real.

Se supone que ellas siempre son las víctimas, pero el hecho de que sufran más la violencia en cantidad y en intensidad no puede borrar otras realidades. El primer “maltratador” que tuve en consulta era un joven que acudió con un gran complejo de culpa porque había dado una bofetada a su pareja. A lo largo de las sesiones resultó ser él la víctima de una mujer algo mayor que él, con más capacidad adquisitiva, mucha más cultura, con un rico mundo de relaciones y propietaria de la casa común. Él, más inculto, con menos habilidades sociales, de una extracción social más baja, hacía de criado en las fiestas que ella organizaba, mientras ella le descalificaba ante sus amigos. Todo esto no justificaba en absoluto la violencia física, pero ponía en evidencia una necesidad. Él necesitaba un aprendizaje emocional para establecer límites o romper la relación, sin utilizar lo único que socialmente había aprendido desde pequeño: la violencia física desde la superioridad puramente corporal. Como el protagonista de “La Doncella Rey” (Robert Bly y Marion Woodman, Edad, 2000), su historia no era de heroísmo, sino de fracasos y reparación. Pero le faltaba el final: vislumbrar el aspecto extático de lo Femenino profundo e integrarlo en su vida.

Estos y otros muchos casos son los que me han llevado a la convicción de que la mayoría de los hombres necesitamos un trabajo de introspección, de aprendizaje emocional y de apoyo entre otros hombres, si queremos relacionarnos en plano de igualdad con las mujeres, sin caer en lo que Luis Bonino, coordinador del Centro de Estudios de la condición masculina, llama los “micromachismos” o la violencia invisible instalada en las parejas, en donde siempre los maltratadotes son los demás, los que salen en los periódicos.

Y este trabajo de desarrollo personal y de implicación social no parte de un sentimiento de culpabilidad ni de una actitud de hostilidad frente a las mujeres, sino de la convicción de que la masculinidad afirma y sostiene la vida. De la experiencia personal y grupal de que los hombres no somos rivales y de que, cuando cooperamos en lugar de competir, somos capaces de co-crear junto a las mujeres, un mundo justo, armonioso y bello. Un mundo amoroso en el que se han integrado lo masculino y lo femenino que yace en la profundidad de cada mujer y de cada hombre.

Alfonso Colodrón

Terapeuta gestáltico y consultor transpersonal

tao@alfonsocolodron.net

www.alfonsocolodron.net

dimarts, 21 de juliol del 2009

El patriarca herido. Por Alfonso Colodrón

PALABRA DE HOMBRE (I)

En esta serie de artículos se reflexiona sobre la condición masculina en el siglo XXI. Ya no sirven los viejos modelos y arquetipos para saber qué es ser hombre hoy día. En la sociedad actual, los patrones económicos, sociopolíticos y familiares están cambiando vertiginosamente. Las cuestiones planteadas y algunas de las posibles respuestas constituyen una síntesis de la evolución de los distintos movimientos de hombres en las últimas décadas y, sobre todo, del trabajo práctico realizado durante los últimos tres años en convivencias-talleres facilitados por el autor, con hombres comprometidos en transformar sus relaciones con las mujeres, con otros hombres y con el mundo en general.

          El patriarca herido

“Estoy en manos del Dios desconocido,

y él me está infringiendo su propio olvido,

para llevarme luego a un nuevo amanecer,

a ser un hombre nuevo”.

(D.H. Lawrence)

Tal vez estos versos describan muy bien el desarraigo y las expectativas que muchos hombres sienten hoy día tironeados por fuerzas opuestas y expuestos al desmoronamiento de todos los esquemas en los que fueron educados. A pesar de los supuestos avances culturales, no acaban todavía de caer los viejos arquetipos del joven héroe que ha de salvar a la doncella, y del príncipe azul que ésta espera y que acaba coronado como rey y patriarca. Pero resulta que la heroicidad de llevar un sueldo a casa todos los meses se convierte en algo banal y rutinario, aunque no por ello menos dificultoso en tiempos de crisis, y que los jóvenes príncipes envejecen y su sangre es roja como la del común de los mortales. Y, para colmo, ellas también cazan las perdices –aportan dinero al hogar- y ellos tienen que guisarlas por turnos y fregar los platos. Y los felices amantes de los cuentos de hadas se cansan de comer todos los días perdices y empieza entonces la verdadera vida, la que no se cuenta en ningún cuento clásico. Y también las discusiones y los conflictos. Y después la frustración y muchas veces las separaciones y los procesos judiciales.

Sin embargo, aunque se reconozca en teoría la igualdad de derechos y obligaciones de mujeres y hombres, se sigue poniendo el énfasis de la identidad de género en la diferenciación cultural. A un niño, abuelos, padres y compañeros le harán saber que es niño si hace todo lo contrario de lo que hacen las niñas. Su identidad futura de varón se basará en no vestirse con los mismos colores, no hablar como ellas, no interesarse en las mismas conversaciones ni juegos y, sobre todo, mantener apariencia y formas “masculinas”, ser duro, no mostrar vulnerabilidad ni forma alguna de “amaneramiento”.

Más adelante, su pareja le exigirá “llevar los pantalones” cara a la sociedad, aunque en el hogar mande ella. Le pedirá que sea fuerte y tierno, que exprese sus emociones. Le exigirá que sepa escuchar sin tener que dar consejos y que pueda conmoverse por alguna pena susurrada, sin que tenga inmediatamente que poner el parche. Y a fuerza de intentar ser un buen amante, un buen marido, una buena pareja, se convierte en lo que Jung reprochó hace ya un siglo a los hombres americanos: se habían convertido en buenos hijos de sus parejas. Competían laboralmente en el mundo exterior y en ese mundo hacían sus guerras, pero se comportaban como corderitos dentro del hogar.

Muchos de los hijos de esos “corderitos” redoblaron la apuesta al rechazar en los años 60 la guerra del Vietnam. Si ese era el modelo a seguir, preferían no ser varones adultos y se convirtieron en lo que Robert Bly llamó “varones suaves”, más reflexivos y más tiernos, pero menos libres y más dependientes (“Iron John. La primera respuesta no machista al feminismo”, Editorial Plaza y Janés).

Han pasado desde entonces varias décadas y es ahora cuando puede detectarse con más claridad en España este fenómeno. En las sesiones individuales de terapia y en los grupos de hombres, un porcentaje significativo son hombres buenos, pero dependientes. Algunos dependientes todavía de sus madres y otros de sus parejas; con frecuencia, de ambas, con el lógico reforzamiento del conflicto: la necesidad de contentar a dos mujeres a las que se encuentra unido por un cordón umbilical simbólicamente similar.

A pesar de meritorios intentos de personas y grupos aislados, seguimos con años de retraso en todo lo que concierne la implantación de movimientos, terapias y vías espirituales respecto a muchos otros países. En España se recuerda como uno de los primeros ensayos sobre la masculinidad “La alienación del varón”, de J-V Marqués, publicado por la revista “El Viejo topo” en 1979. En esas mismas fechas, participaba yo en mi primer encuentro para hombres en Nueva Zelanda, con ayuno y sauna ritual incluidas. Fue toda una revelación que quise compartir a mi regreso a España en 1981. Sin embargo, a principios de los 80, cualquier encuentro de hombres era sospechoso de ser un encuentro sólo para gays. Durante estos veinte años, han surgido aquí y allá grupos aislados y diversos, de índole terapéutico, académico o político, cuya duración media no ha superado los dos años. También se han organizado Jornadas, cursillos, conferencias y se han formado algunas asociaciones, pero generalmente sin contacto entre sí y sin tener en cuenta los trabajos y avances realizados por los demás.

A pesar de todo, ha transcurrido el tiempo suficiente para poder diferenciar, como en el resto del mundo, diferentes corrientes. El movimiento de objeción de conciencia al servicio militar obligatorio podría considerarse el antecedente de todas ellas. Y no porque los objetores se diesen cuenta de actuar como hombres en una problemática exclusivamente masculina en aquella época, sino porque estaban poniendo en cuestión una de las bases históricas de dominación masculina: los ejércitos y las guerras tradicionales.

Los profeministas se centran junto a las mujeres en la igualdad y luchan contra de la violencia de género. Pero una corriente radical asume las tesis más extremistas de algunas de las tendencias del movimiento feminista, que considera al varón como un violador en potencia y sin remedio. Los profeministas “liberales”, se sienten iguales, pero asumen la culpa histórica de la explotación de las sociedades patriarcales a lo largo de los siglos y asumen una asimetría histórica: ahora les tocaría poco a poco la parte peor.

En el extremo opuesto, han surgido asociaciones en defensa del varón. Algunas quieren defender el statu quo, los viejos privilegios, que nada se mueva o, en último caso, que se mueva hacia la recuperación de los poderes perdidos. Otras asociaciones se limitan a protegerse de los abusos de las leyes incompletas y mal aplicadas sobre igualdad de género. Muchos hombres se consideran perjudicados en los derechos de visita a los hijos, o en la partición de bienes, cuando no son acusados en falso por sus ex parejas y pierden la patria potestad, con el grave perjuicio para los hijos que sufren, en muchos casos, el síndrome de alienación parental. De aquí las asociaciones de padres separados.

En medio, se encuentran todos los talleres y grupos informales de apoyo mutuo, liberación emocional y desarrollo del propio potencial personal, centrados en desarrollar el “ánima” o parte sensible, intuitiva, artística y nutritiva del varón.

Y lo que más dio que hablar durante una época fue el movimiento mítico-poético basado fundamentalmente en redescubrir la parte primitiva, auténticamente masculina y en inventar nuevos ritos de paso o iniciación para llegar a ser un auténtico hombre adulto mental, emocional y espiritualmente.

Una quinta corriente que yo llamaría “transpersonal”, no estaría centrada sólo en el desarrollo individual ni tampoco en el social o el político, sino en los tres al mismo tiempo. En el intento de crear un nuevo arquetipo, tras la muerte del héroe y la caída del patriarca, Allan B. Chinen, a través de sus cuentos para adultos y su interpretación junguiana, propone el cazador, el chamán y el Tramposo como nuevos arquetipos que “personifican una firmeza masculina que evita la guerra, honra lo femenino y reconoce el equilibrio de la naturaleza…. El Tramposo acentúa la curación en lugar del heroísmo, la comunicación en lugar de la conquista y la exploración sobre la explotación” (“Más allá del héroe” , Editorial Kairós).

Hoy más que nunca parece necesario crear espacios donde los hombres puedan no competir entre sí, encontrar una auténtica fraternidad entre iguales, trabajarse su sombra y recuperar la que proyectan sobre las mujeres, recobrar la auténtica energía masculina perdida y reflexionar sobre las acciones individuales y colectivas que puedan contribuir a la paz y a la justicia entre el hombre y la mujer y en el mundo. Sólo con verdadera paz y justicia se enraizará la auténtica igualdad.

Alfonso Colodrón

Terapeuta gestáltico y consultor transpersonal

tao@alfonsocolodron.net

www.alfonsocolodron.net