dissabte, 18 de desembre de 2010

Un texto de Ayn Rand


Releo y releo a Ayn Rand. Para alguien como yo que viene de, digamos, la izquierda alternativa (de joven fui insumiso a la “mili”, y siempre he colaborado con ONGs ecologistas y pacifistas), en otras palabras, que viene del típico vMeme verde según la teoría de la Dinámica Espiral, la lectura de Ayn Rand (que sería una representante arquetípica del vMeme anterior, el naranja, es decir, la mentalidad estrictamente racional) a veces me resulta difícil de digerir. ¡Una apologista del capitalismo! Su radical defensa de la libertad y la responsabilidad individual, sin embargo, no me deja indiferente y me atrae muchísimo. Por eso vuelvo a su lectura. Será porque los “verdes” (sobre todo blancos, heterosexuales y con trabajo en el sector terciario) arrostramos mucha culpa en nosotros... ;-)
El texto que voy a reproducir en principio no hace referencia a la masculinidad y las cuestiones de género. Pero como la cultura dominante abusa tanto de la culpa, lanzada contra los hombres, y de la victimización, que el feminismo del resentimiento ha convertido en su especialidad intelectual para analizar cualquier realidad social, pues me ha parecido un texto muy relevante. Le he añadido unas notas para darle la interpretación que me sugiere este texto sobresaliente.
El punto de partida de tu moral es la maldición, y la destrucción es su propósito, medio y fin. Tu código comienza maldiciendo al hombre[1], y luego le exige que practique un bien que define como imposible de practicar[2]. Exige, como primera prueba de su virtud, que acepte su propia depravación sin pruebas. Exige que comience, no con un parámetro de valor, sino con un parámetro del mal, que es él mismo, y por medio del cual a continuación debe definir el bien: el bien es aquello que él no es.

No importa entonces quien se aproveche de la gloria a la que ha renunciado y de su alma atormentada: un Dios místico con un designio incomprensible, o cualquier transeunte cuyas llagas infectas se constituyen en un inexplicable derecho sobre él[3]; no importa, no se supone que el hombre comprenda el bien; su deber es arrastrarse a través de años de castigo, expiando la culpa de su existencia con cualquier cobrador de deudas incomprensibles. Su único concepto de valor es el cero: lo bueno es aquello que es no-humano
El nombre de este monstruoso absurdo es Pecado Original[4].
Un pecado sin elección es una bofetada a la moral y una insolente contradicción: algo que está fuera de la posibilidad de elección está fuera de la moral. Si el hombre es malvado de nacimiento, no tiene voluntad ni poder para cambiar; y, si no tiene voluntad, no puede ser bueno ni malo: los robots son amorales.
Considerar como pecado del hombre un hecho que no está bajo su control es una burla a la moral. Considerar la naturaleza del hombre como su pecado es una burla a la naturaleza. Castigarlo por un crimen que cometió antes de nacer[5] es una burla a la justícia. Considerarlo culpable en una cuestión en la que no existe la inocencia es una burla a la razón. Destruir la moral, la naturaleza, la justicia y la razón por medio de un único concepto es una hazaña del mal difícil de igualar. Sin embargo, ésa es la raiz de tu código.
No te escondas detrás de la cobarde evasiva acerca de que el hombre nace con libre albedrío pero con ‘tendencia’ al mal[6]. El libre albedrío teñido con una tendencia es como un juego con dados cargados: obliga al hombre a esforzarse para jugar; asumir responsabilidades y pagar por el juego; pero la decisión está desbalanceada en favor de una opción que no puede evitar. Si esta ‘tendencia’ es por su elección, no puede poseerla al nacer; si no la ha elegido, su albedrío no es libre.
AYN RAND. “La rebelión de Atlas”. Pags 1100-1101. Ed. Grito Sagrado 2003

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[1] Por supuesto con el término “hombre” Ayn Rand se refiere al “ser humano” genérico. Las estupideces que confunden el género gramatical con el género como construcción social no se habían desarrollado en su época. Y estoy seguro que Rand las habría despachado con desprecio. Sin embargo, si ahora leemos “hombre” como “representante del género masculino” el texto adquiere un significado muy interesante
[2] Excepto para los hombres pro-feministas
[3] A la hora de cargar contra la victimitis como fuente de derechos Ayn Rand no se corta con sus metáforas
[4] Ahora este concepto se reconvierte en “atávico impulso masculino de dominio” “deuda histórica de los hombres hacia las mujeres por siglos de Patriarcado y dominación”... etc.
[5] Cfr. con las vigentes leyes misándricas, que no sólo tienen en cuenta el hecho punible en si, sinó también el grupo al cual pertece por nacimiento el perpetrador. Por tanto, castigan más al hombre que a la mujer por el mismo hecho
[6] Esa paradoja que tanto se lee en los textos de las feministas y los hombres pro-feministas. Por un lado todo es contrucción cultural, por tanto somos absolutamente libres para rediseñarnos como queramos. Por otro lado, a pesar de esa libertad absoluta que nos tendría que haber llevado a un paraíso de paz, cooperación y no-dominio, resulta que el peso del patriarcado es tan poderoso, dominante y astuto que no hay manera de librarse de él y por tanto hay que combatirlo con todos los medios posibles, ordinarios y extraordinarios
verds
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4 comentaris:

  1. Me gusta la lectura que haces del texto. En relación con lo demás creo que todos estamos obligados a repensar cosas que en algún momento consideramos como verdades incuestionables. Si hace 20 o 30 años me hubieran dicho que la socialdemocracia sueca derivaría en la misandria de las leyes que pretenden aplicarle a Assange, estoy seguro de que mi admiración por ella hace ya tiempo que habría desaparecido

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  2. Lo peor del caso de Assange es que ni siquiera entre las voces críticas con su detención se han parado a analizar lo que dices de estas leyes misándricas que se aplican arbitrariamente. La arbitrariedad es lo contrario de la justicia
    Saludos

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  3. Imagino que conocerás El Manantial y la película que sobre esa novela de Rand protagonizó Gary Cooper. Está filósofa también quitó de mi ciertos velos juveniles. Por cierto, la protagonista de "La rebelión de Atlas" es toda una feminista que repudiaría ese manifiesto de los hombres por la igualdad que hemos estado comentando en tu blog y en el de Emilio.

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  4. Pude ver esta película el año pasado, aunque me parece recordar que Ayn Rand no estaba muy satisfecha. A mi me gustó (también porque tenía muchas ganas de verla)
    Por supuesto que Rand repudiaría ese manifiesto. Mi crítica al punto n.1 está inpirada directamente en su obra.
    Como digo en el post, a veces Rand se me hace casi indigerible por su radicalismo, pero por otro lado esa defensa de la libertad y la responsabilidad individual me parece excelente

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