dimecres, 14 d’octubre de 2009

El feminismo del resentimiento

Para finalizar el máster en Práctica Filosófica y Gestión social que cursé en la Universidad de Barcelona redacté un trabajo en el que hablo de postmodernismo y feminismo, sobre todo basándome en la obra de Ken Wilber y su filosofía integral. Copio algunos framentos que tienen que ver con la masculinidad y la política

La teoría de la imposición ha fracasado en explicar los datos disponibles sobre el cambio de las estructuras matrifocales o bifocales-igualitarias (habitualmente hortícolas basadas en la azada), a las patriarcales (basadas en el arado y el caballo). No obstante ésta es la teoría central de lo que podemos denominar feminismo del resentimiento.

Ese feminismo intenta definir a las mujeres como víctimas impotentes de la “imposición masculina”, a diferencia de las corrientes más actuales o el “feminismo del poder” que se niegan a ver a las mujeres como subyugadas y las ven como co-creadoras iguales, bajo las circunstancias dadas, de las diversas formas de interacción social.

Desde el principio las feministas han tenido que enfrentarse con la paradoja de que mujeres de otros tiempos y lugares –las “Bernarda Alba”, por ej.- elegían valores ajenos a la liberación, unos valores que no encajaban con su propia herencia liberal ilustrada. En consecuencia, la elección de estos valores “no-feministas” se atribuyó a una fuerza externa (y no a una elección deliberada co-creada por las mujeres frente a la dificultad de las circunstancias). Postular esta fuerza externa, la teoría de la imposición, definió a la mujer como moldeada por el Otro, que les lavó el cerebro y las sometió por la fuerza. Se asumió que este Otro malévolo era el Hombre Genérico y se puso en marcha en los departamentos universitarios de los Gender Studies los miles de Estudios sobre la Opresión con el extraño fin de devolver a las mujeres el poder, definiéndolas, en primer lugar, como impotentes.

La visión de la historia, según este feminismo del resentimiento, es que la mujer es la Víctima Eterna, y ya es hora de devolverle el poder. Sin embargo, al definirlas como moldeadas por el Otro lo que hacen es disolver su poder, y en lugar de estudiar como hombres y mujeres co-crearon los estadios previos del desarrollo, rebuscan en la historia una respuesta sólo para mujeres. Como desde su ideología no la encuentran, esa falta de respuesta no puede ser lo que las mujeres “realmente” quieren y se debe adscribir a la opresión masculina, sustrayéndola así de las mujeres. Estos planteamientos, pretendiendo dar poder a las mujeres, por definición las priva de él, y el feminismo del resentimiento cae en interminables círculos de impotencia intentando recuperar un poder que primero han tenido que ceder. A las feministas victimistas les cuesta mucho asumir la responsabilidad de su propia historia y elecciones. Se puede comprender que cueste asumir responsabilidad por un estado –el de las mujeres actualmente- que aún dista mucho de ser deseable. Pero la cura no reside en la recuperación de un pasado previo al patriarcado presentado a través de una ideología de culpabilidad, sino en apoyar una emergencia que aún se resiste. El “enemigo” no es algo que los hombres hicieron ayer a las mujeres, sino algo que una evolución aún insuficiente hizo a ambos.

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